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La Subida Santa Martina – Esteban Troncoso September 15, 2012

Posted by roberto in Salidas en Santiago.
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Hace mucho tiempo que me venía dando vueltas en la cabeza la famosa subida de “Santa Martina”. Bien digo “subida” por que de cuesta no tiene nada. Corresponde a un camino privado que sirve de acceso a un condominio con asociaciones mexicanas.

En fin. Por alguna razón, se dieron las circunstancias y hoy, viernes previo a las fiestas patrias, me llevé la bicicleta en el auto y a mediodía, salí raudo con dirección a la autopista Los Libertadores. El tráfico de santiaguinos huyendo de la capital era notorio. Autos atiborrados de bolsos y bicicletas daban cuenta de uno de los festivos de fiestas patrias más extensos que tenga memoria.

Al llegar a la estación de servicios de Autopista Los Libertadores, el calor ya se hacía sentir. A eso de las 13:30 comienzo mi periplo mientras caravanas de vehículos circulan en dirección norte. Tomo la Autopista Nororiente y luego empalmo con el camino a Chicureo. En ese trayecto me adelante un rubio ciclista que me recuerda inmediatamente al ruso Andrei Sartasov. Dejo que siga a su ritmo, siempre a la vista.

Parte la primera subida. Pie Andino tiene una extensión aproximada de 5 km en su cara poniente. Es exigente pero corresponde a una ruta conocida en el ciclismo santiaguino. Son más de las 14:00 hrs. y el calor se hace sentir. Hoy la idea es dosificar, así que bajo el ritmo y paso a un 39×21 y luego a un 39×23. No hay apuro, las piernas hay que guardarlas para lo que se viene más adelante.

Al llegar a la cima hago una escala técnica y en el trámite me esguinzo estúpidamente un dedo de la mano. El dolor me acompañará el resto de la jornada.

Mientras bajo, contemplo el explosivo crecimiento de los condominios en los faldeos de estos cerros. Chicureo y La Dehesa pronto se darán la mano.

Por fin me enfrento a mi “cuco”. Doblo por el acceso al condominio Los Litres y ya estoy a los pies de la temida subida. Paso a 39×25 rápidamente. y comienzo a subir. Santa Martina es como un boxeador. Te golpea de entrada. Los primeros metros, en mi opinión son precisamente los más duros. Una rampa te da la bienvenida como un golpe recto a tu mandíbula… o a tus rodillas en este caso.

Mientras subo calmado y dosificando, busco con la mirada algún descanso en el camino. No aparece. Tengo sólo los datos de la distancia total; 3,9 kilómetros. Con ese único dato trato de regular las fuerzas.  Mi velocidad baja bruscamente. No logro encontrar mi ritmo, hasta que por fin me engancho en paupérrimos 7 km/h. Paupérrimos pero efectivos. Sigo así y al cabo de unos minutos de pendientes y más pendientes doy por fin con las curvas en torno a las torres. Allí logro recuperar, pero insisto en no acelerar el ritmo. Sigue siendo un misterio los 2 kilómetros que aun quedan así que no hay que arriesgar.  Dejo atrás el sector de las torres y ante mi se despliega un tramo semirecto que resulta engañador, mucho más pesado de lo que parece.

En mi cabeza trato de sacar comparativas. Acuerdo conmigo mismo que es como el último tramo de la cuesta poniente de Mallarauco, pero multiplicado en extensión por 2 o 3. Si subí eso, esto también lo subiré me digo.

Termino de subir el tramo recto y al llegar al descanso ya pienso que he terminado, pero no. Quizá eso sea una de las cosas más agotadoras de esta subida, da la impresión que se va a terminar pero continua y continua. De repente llego a una zona semiplana y creo que he terminado. Nuevamente levanto la vista y unos metros más adelante veo otra subida. “Mierda” me digo, hay que seguir.

Y sigo, no queda otra. Ahora trato de pararme en los pedales. La mayor parte de la subida la he hecho sentado porque me da más equilibrio a la hora de forzar el pedal. Ahora siento que la cuesta cede, como va cediendo el boxeador en cada asalto.

“Ahora si que llegué” me digo nuevamente al llegar a un nuevo descanso. Nuevamente me equivoco. Sigo pedaleando ya con cierta rabia de no llegar nunca. Hasta que repentinamente diviso los perfiles de la entrada al condominio. Y es así, de golpe el camino se acaba sin preámbulos. Ni repechos ni descansos. Las últimas pedaladas las tengo que dar pasando los márgenes del condominio. El guardia ni se inmuta. Debe estar aburrido de ver ciclistas desafiándose en esta subida.

Me detengo. No me siento cansado. Sólo bañado en sudor y con los brazos agotados por la tensión. Reviso mentalmente la subida y que cosa pude mejorar y la verdad no se me ocurre nada. Esto es agarrar tu ritmo y darle no más. No queda otra. Comienzo el descenso con mucha precaución. La bajada es muy pronunciada y merece respeto

Pero esto no se acaba. Queda otra subida más. Pie Andino en su cara oriente. La ventaja es que es mucho más llevadera. Entre otras cosas, porque tiene subidas y bajadas que permiten una rápida recuperación. Y digamos que después de subir Santa Martina, cualquier subida que te pongan por delante te parecerá hasta placentera. Subo entonces tranquilo pero a buen ritmo Pie Andino y rápidamente llego a la cima. No hay tiempo de parar.

Bajo por Chicureo y luego la Nororiente. Un viento fuerte me recibe luego en Los Libertadores. Muy fuerte, tanto que me hace pensar si esto no es más duro que Santa Martina. Por fin llego al auto. Han sido 61 kilómetros en poco menos de tres horas. Llego bastante bien, pero con un hambre de los mil demonios que tendré que calmar en el Mc Donalds… como para estar a tono con las Fiestas Patrias, ¿no?

Comments»

1. fran - September 17, 2012

es tan matemático, pero me encanta!

2. fran - September 17, 2012

(supongo que lo del mcdonalds era broma)


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