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Sin Pelos en las Piernas – Simoni y Pantani – José María Palacio June 19, 2012

Posted by roberto in Sin Pelos en las piernas.
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En esta oportunidad les ofrezco el tercer artículo de esta serie continua: Sin Pelos en las Piernas, en la cual se presenta, a través de distintas colaboraciones, otra mirada sobre quienes han hecho historia en el ciclismo.

En esta oportunidad, desde Valladolid, José María Palacio Cornejo: Pantani y Simoni

Llevaba tiempo pensando en escribir al respecto, sin embargo no había encontrado el momento adecuado, y pareciera que la ocasión no quisiera ser propicia para tratar estos temas. Pero, ahora que la temporada ha concluido, y aprovechando que en el fin de semana siempre se puede disponer de un poco más de tiempo para transformar las ideas en palabras, he decidido animarme.

Marco Pantani y Gilberto Simoni jamás fueron amigos. Desde que apenas eran unos adolescentes, la rivalidad existente entre ambos se hacía patente en todas las competiciones en que coincidían. Ambos destacaban, entre algunas de las mejores generaciones que ha dado el ciclismo transalpino, como los principales exponentes de las nuevas hornadas de escaladores del país de la bota. Eran agresivos, orgullosos, con talento, y ante todo carismáticos. La mayor diferencia que existía entre ambos era el año que se llevaban de diferencia. Marco era un año mayor… y aunque en muchos casos eso no quiere decir gran cosa, es cierto que a todos los movimientos y éxitos de Simoni, se adelantaba Marco. Pantani logró la malla “azurri” antes que Gilberto. Pantani ganó el Giro Baby un año antes que Gilberto y Pantani pasó a profesionales un año antes que Gilberto. Todas estas situaciones van dejando huella en un muchacho que se encuentra en los años decisivos en cuanto al proceso de su formación como persona. Gilberto ya sabía que podía ganar a la mayoría… pero el quería más… quería ganar a Pantani.
Como decíamos, en aquel momento en Italia, se estaban gestando algunas de las promociones de escaladores más brillantes que el ciclismo moderno ha tenido. Gente como Piepoli, Casagrande, Guerini, Wlaimir Belli, y entre ellos, 3 hombres punteros, Gotti, Pantani, y Simoni, luchaban desde juveniles por conquistar el mundo a pedales. Gotti en 1991 ingresó entre los profesionales; sin embargo, Boifafa y Quintarelli, principales cabezas pensantes del Carrera-Tacconi ya habían fijado sus ojos, por recomendación de su cazatalentos entre amateurs Giussepe Martinelli, en un muchacho con una capacidad, en apariencia similar a la de los otros citados, pero que tenía cierta predisposición a la exageración, y con unas cualidades para la escalada absolutamente definitivas: Marco Pantani. A finales de 1993, pasó Gibo, sin tanto ruido, pero con un currículo del que se podrían destacar algunas de las pruebas de mayor renombre entre jóvenes grimpeurs italianos como el baby Giro, Giro del Valle de Aosta, el Trofeo Tricolore, a sumar victorias en cimas como Monte Bondone, más victorias y podios en el Giro de Lombardía y Trentino para amateurs.

A pesar de ello, todos sabemos que los primeros años de Gibo en el profesionalismo pasaron sin pena ni gloria, mientras que su rival romano de Cessena, ocupaba el corazón no solo de un país, sino de una generación completa de aficionados al ciclismo, que observaron atónitos como un jovencito de tan solo 24 años, era capaz de hacer podio en el Giro y en el Tour en la misma temporada, poniendo en jaque a cualquier ciclista que osara desafiarle en un cuerpo a cuerpo directo en montaña. Era el nuevo ídolo de toda Italia. Gilberto por el contrario, como muchos otros ciclistas que deben pasar por un proceso de aclimatación más intenso en su paso a profesionales, veía como el rival de sus años de cadete y juniors volaba derecho a la gloria que persiguen todos los escaladores “pata negra”, los grimpeurs a la antigua usanza: Convertirse en las ruedas imposibles en el momento en que la carretera se empina. Con un estilo que hacía comparar a Marco con los más grandes de todos los tiempos, Bahamontes, Gaul o Fuente, los seguidores veían en él, la nota discordante de un ciclismo cada vez más predecible, que se estaba acostumbrando a la perfección que en los 90 era personificada por el gran Miguel Induráin.

Eso puede ser asimilado por, ya no un corredor, sino una persona que comprende que las cosas evolucionan siempre hacia caminos que pueden sorprender, y no tienen por qué ser precisamente lo que uno hubiera deseado en un principio. Pero Simoni era distinto. Para él aquello resultaba demasiado doloroso. Su carácter orgulloso, y su espíritu indolente, le impedían soportar el ver como aquel ciclista, que unos años antes estaba a segundos, ahora parecía fuera de su alcance. Esos pequeños detalles, unidos a problemas familiares, terminaron por forjar uno de los caracteres más altivos, y a la vez más nobles del ciclismo moderno. Sin duda se puede afirmar que Simoni, en la actualidad es el eslabón que une al escalador moderno, con el de otras épocas.

Poco a poco, trayectorias que parecían ir tan parejas en sus comienzos comenzaron a diverger de forma ostensible. Mientras el gran Marco sufría percances graves de salud (la famosa lesión en la Milán Turín que casi acabó con su trayectoria profesional, y que más tarde traería consigo unas analíticas anómalas, y un juicio por fraude deportivo), Simoni continuaba subiendo paso a paso su nivel. El sabía que tenía calidad. El confiaba más que nadie en si mismo. Probablemente en el 97 solo él creyera en que podría llegar a ser el número uno de Italia. Trabajaba para encontrar ese, su verdadero lugar. El que de nacimiento le debía corresponder. Comenzaba a asomar en los los puestos de carreras menores. Pero él siempre fue ambicioso… él quería el Giro, quería ganar a los grandes… y por supuesto quería derrotar a Marco Pantani. Si en el 95, solo podía alardear de puestos de honor, como mucho en la subida al Urkiola, y tras un año 96 para olvidar, en 1997 en Italia se comienzan a escuchar voces de la posible recuperación de un talento que se daba por perdido en aquel joven arisco, taciturno pero con una mirada llena de ambición, y una capacidad atlética que verdaderamente existía. Gibo, comenzaba a asomar en los top 10 de Romandía, Trentino, o el trofeo italiano de los escaladores. En el 98, ya estaba entre los 20 mejores de una gran ronda (la Vuelta España). Nada del otro mundo… pero es que así es como Simoni forjó y explotó su verdadera calidad como ciclista. En la sombra, entrenando, en la soledad más absoluta. Subiendo en los alrededores de su casa una y otra vez las cuestas que de joven le habían hecho ser uno de los mejores, y que le servirían para llegar donde él y solo él sabía entonces que podía llegar.

En el 99, a los 28 años, sus piernas comenzaron a carburar de verdad. Segundo en el Giro de Trentino, Tercero en la Vuelta a Suiza… y sobre todo… Tercero en la carrera que amaba por encima de cualquier otra, la corsa rosa, el Giro… sin embargo a nadie le importó… algo terrible estaba sucediendo. El mismo año en que Simoni saltaba de golpe decenas de peldaños en pos de convertirse en un grande en su país, Marco Pantani, “El Pirata”, cayó en desgracia en Madonna di Campiglio. Nadie reparó entonces en lo que debió sentir Simoni. Mezcla de sentimientos la suya. Amargura ya que ni en aquellos momentos los tifossi reparaban en sus pequeños logros, obcecados por el amor incondicional profesado a su rival.

Pantani, hasta cuando era descalificado, era adorado por todo un país. Simoni decidió olvidarse de circunstancias, en las que al fin y al cabo, no tenía ni voz ni voto… si debía ser así…. el destino había decidido que sus épocas en profesionales nunca se juntaran. Su sueño desde niño truncado por culpa de un control de salud. Nunca podría demostrarse a sí mismo si era o no era mejor que Marco… por tanto, era mejor que se olvidara de aquello, y se preocupara por apuntalar su emergente carrera. Sin embargo el destino le tenía deparada una sorpresa.

Nos encontramos en el Giro del 2000. Gibo ha hecho una aproximación muy interesante hacia el Giro, sin embargo, no suena entre los nombres más claros como aspirante a la corsa rosa. La nota más comentada en los inicios de la carrera, es la reaparición sorpresa de Pantani tras un año sin competir. A lo largo de la carrera se constatan dos evidencias claras, que ya se intuían. La primera, que por mucho Pantani que se sea, uno no recupera su nivel de la noche a la mañana. Pantani, durante dos semanas se dedica a acumular kilómetros, mientras Casagrande y Garzelli luchan por la victoria. La segunda es que Simoni se revela como el escalador más fuerte a partir de la tercera semana, donde Garzelli y Casagrande comienzan a bajar enteros.

Primero de Junio de 2000. Etapa Saluzzo- Briancon: En las estribaciones del Izoard, los favoritos del Giro se prestan a llevar a cabo la penúltima batalla, anterior a la CRI de Sestrieres. Están todos, Garzelli, Casagrande, Simoni… y Pantani. La priemra vez en 1 año que Marco está en disposición de acabar una etapa de montaña con los de delante. Pantani decide actuar como gregario de su joven compañero, y comienza a imprimir un ritmo que poco a poco va seleccionando más el grupo. Sin embargo hay algo que ha cambiado en su pedalada. No es la de los últimos 15 días. Sus compañeros de grupo comienzan a ver ante sí como sus piernas cada vez giran más rápido, y pronto se percataron que estaban de nuevo ante él. El temible Pirata… en una fracción de apenas dos minutos, el rápido ritmo de Pantani se había transformado en paso inabordable… y cuando Marco se giró, observó que la gente volvía a sufrir ante su ritmo, nadie atacaba… o sí… sí que había alguien. Y cuando le miró a la cara se dio cuenta que ese alguien tenía cuentas que saldar con él, consigo mismo, con el aficionado y con el Giro. Simoni atacó sin contemplaciones. Era su oportunidad, por la que había esperado tanto tiempo. Pantani comandó la persecución. Simoni fue cazado… y Pantani, como cuando eran críos, quiso demostrarle a Simoni que las cosas no habían cambiado tanto como el pensaba. El de Cessena se fue solo… pero había algo que no cuadraba. No estaba solo. Simoni si estaba con él. Los comentaristas españoles no entendían nada. Ahí no había táctica. No se trataba de ganar una etapa, ni de que Garzelli ganara el Giro, o lo perdiera Casagrande. Era el enfrentamiento directo entre dos poderes, dos ciclistas, Pantani con más clase quizá, pero Simoni con ese espíritu forjado entre las montañas de Trento y los Apeninos, la fuerza de un espíritu tremendamente agresivo, indolente y ambicioso. Lanfranchi ganó la etapa. Y el duelo quedó en tablas.

2001 fue el año en que se produjo el gran traspaso de poderes. Pantani se hundió sin remisión y Simoni, con una etapa reina suspendida por los famosos registros del NAS con los carabinieri al frente, arrasó sin contemplaciones en el Giro. En la Vuelta a Suiza, se permitió el lujo de poner contra las cuerdas a un Lance Armstrong en fase de puesta a punto para el tour… y la gente, ya no solo sus vecinos y aficionados de Trento que le vieron crecer encima de una bici, comenzaban a creer en él, y le veían como uno de los nuevos referentes mundiales de las montañas.

Lo había conseguido… sin embargo, Simoni demostraba un hermetismo total, ante las continuas preguntas que le hacían sobre Pantani. Muchos le habían demostrado un apoyo incondicional a Pantani, pero otros, también muchos, le habían acusado directamente. El no quería hablar… porque no entenderían nada. Pantani estaba hundido pero eso a él no le reconfortaba. Porque él seguía queriendo demostrarse mejor que Marco encima de una bici. Lo que dijera la prensa o un médico le daba exactamente igual. El sabía que Pantani era el mejor escalador del mundo, y solo venciéndole en combate directo podría dar por terminada su lucha… pero Gilberto no sabía que el destino seguiría jugando a la ruleta rusa con él. El corredor en 2002 pasaba a convertirse en jefe de filas de la Saeco.

Y en 2002 fue expulsado del Giro, por oficioso que no oficial positivo por cocaína. Una historia sobre caramelos, muy extraña, pero que dinamitó parte del prestigio conseguido con tanto esfuerzo en los 2 últimos años… no estuvo mucho tiempo fuera de competición. Sin embargo, tras una actuación en la Vuelta no demasiado brillante en la que se vio superado por muchos escaladores, el público pensaba, que ciertamente, desde el punto de vista internacional, la capacidad como escalador de Simoni, estaba sobrevalorada. Simoni habló con Giusseppe Martinelli según acabó la temporada. Martinelli, el descubridor de Pantani, ahora tenía en sus manos al “otro”. En 2002 había temido que una vez más, como con Pantani, su ciclista se diluyera preso de sus propios monstruos. Sin embargo se sorprendió al comprobar que lo que tenía delante era un tipo de puro granito, altivo, en exceso orgulloso, pero con una mirada que mostraba su permanente confrontación por llegar más allá, y por luchar contra el mundo entero si es necesario por hacerse respetar, y porque la gente reconozca sin paliativos sus capacidades. Simoni le dijo que ganaría de nuevo el Giro en 2003…y que lo haría a lo grande. Martinelli expresó tras 2003 que le hablaron muchas veces de la capacidad de entrenamiento de Lance por demostrar ser el mejor en el tour… pero que los entrenamientos que hizo Simoni bajo el frío y la lluvia en invierno en los dolomitas no los ha visto hacer a nadie… Simoni machacó sin contemplaciones en todos los terrenos en el Giro… pero en esa carrera Simoni se iba a encontrar de nuevo con el murmullo de un recuerdo apagado pero no olvidado. Pantani había vuelto a subirse a una bici. No era el mismo físicamente. No era rival para él, pero era cierto que Marco había demostrado mucho coraje en su decisión y mucha determinación en su enésima vuelta a competición.

En la ascensión a Cascata del Tocce, Pantani atacó. Era su pequeño canto del cisne. La afición como días antes en Zoncolan, vibraba ante la casta del ídolo caído. Le querían, le adoraban, lloraban por el, por verle feliz de nuevo en las montañas. Que grande es Pantani… sin embargo, para el líder, a tenor de lo que interpretó la mayoría de la prensa y los aficionados, eso era una insolencia y Simoni no iba a permitir, que su vuelta triunfal fuera minimizada por un fantasma del pasado. Su fantasma del pasado. Simoni venció en aquella subida a lo campeón… pero muchos recriminaron la dureza de su acción, ante un corredor mermado física y psíquicamente. “Yo no tengo la culpa de que Pantani ya no sea ni la sombra de lo que fue”. Los periodistas al ver un acto de venganza sobre Pantani en esa frase, y en la victoria en Cascata del Tocce, entendieron y justificaron su interpretación, . Nadie se daba cuenta lo que llevaba implícito esa declaración, que era la forma de reconocerle a Marco el comentario del Pirata pocos días antes “ahora Simoni es el jefe. Cuesta arriba es el que manda”. Simoni estaba intentando decirle, que ahora no, pero hace años, el sabía que había sido el mejor, el único, el elegido para conquistar las cimas más altas y duras en primera posición, en solitario, por delante. “Yo no tengo la culpa de que Pantani ya no sea ni la sombra de lo que fue” probablemente quisiera decir “ahora Pantani no tiene nada que hacer contra mi… pero hubo un tiempo en que yo jamás podría haber luchado contra él”.

En 2004 Pantani murió. Todo el mundo lloraba la muerte del gran Pantani… pero, como muchas otras veces y en multitud de ocasiones a lo largo de su vida, ¿Qué podía pensar Simoni en ese momento?.

Las declaraciones justo el día después de la muerte del Pirata son dignas de recordar “Estoy conmocionado. Le conocía de toda la vida. Jamás fuimos amigos… pero competí con él desde que éramos niños… era un año mayor que yo… y ahora está muerto. Esto es muy cruel… yo nunca quise cruzar palabras con Marco fuera de lo meramente protocolario… pero yo jamás ganaré todo lo que el ganó. Y no me refiero solo a victorias en competición”

En 2005, se celebró el 2º Criterium homenaje a Marco Pantani. Sus padres, su hermana, amigos y vecinos, y los ciclistas que siempre vieron en Marco a un compañero cercano se reunían para brindarle una prueba ciclista al mito italiano…sin embargo lo que nunca pudieron imaginar sus padres es quién se había inscrito entre los participantes. Probablemente hasta que lo vieron no lo creyeron. Gilberto Simoni fue a Cessenatico, a la ciudad que había visto nacer al ciclista que marcó de forma definitiva su devenir en el profesionalismo durante más de una década. Y ganó. Quizá la confesión que hizo aquel día, sea uno de los motivos por los que yo amaré siempre este deporte.

Marco y yo jamás fuimos amigos. Yo no soy como ninguno de vosotros, no soy ni su amigo, ni compañero de equipo, ni familiar. No nos caíamos bien. Fuimos rivales siempre, desde niños. Desde que tengo recuerdos de montar en la bici, recuerdo competir contra él por encima del resto. Creo que el motivo de que jamás me acercara a él es porque le tenía envidia. Me resulta muy duro admitirlo, pero esto es cierto. Sin duda, él era mejor escalador que yo. El murió hace un año… pero si desde algún lugar me está escuchando quiero decirle que hoy he ganado por él. Le dedico esta victoria a él por encima de ninguna otra cosa. Este es mi homenaje a Marco Pantani como campeón del ciclismo y a sus padres, a los que les expreso mi más profundo respeto Y quiero que todos los que están aquí sepan que hoy más que nunca no ha ganado Gilberto Simoni. Ha ganado Marco Pantani ”

Gilberto Simoni posiblemente no haya sido uno de los cinco grandes grimpeurs de la historia. Tampoco ha sido un vueltómano absolutamente definitivo. Su carácter no debe ser accesible. Es muy orgulloso, vehemente, y se empeña en mostrarse en múltiples ocasiones como un hombre un tanto altanero. Pero es un tío al que se hace fácil llegar a admirarlo e incluso quererlo. Ciertamente, nunca ha sido uno de mis ciclistas favoritos. Sin embargo siempre he tenido la sensación, que si hubiera 4 o 5 ciclistas como él en la actualidad, el ciclismo sería mucho más grande… y probablemente dentro de un año, cuando él se vaya, se cerrará el capítulo dentro del ciclismo, de algunos de los corredores que más aficionados han llegado a convocar en una carretera, por su orgullo, su carisma, su insolencia… pero por encima de todo, por su enorme nobleza y carácter romántico de un deporte que se ha hecho grande, gracias a las pequeñas historias que se traducen en las vidas de estos héroes.

Gilberto, Gibo, Simoni

Comments»

1. Andrés - August 23, 2012

Que buena nota. Gracias.Grande Gibo, especialmente sus comentarios.

2. Cultivar cebollas - March 31, 2013

Muchas gracias por la información, soy un gran seguidor de este blog. Te recomiendo que visites el mio y te pases a comentar🙂


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