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Ruta de las Caletas – VI Región de Chile April 12, 2012

Posted by roberto in General.
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Caleta Pellines

En este fin de Semana Santa nos propusimos visitar la llamada Ruta de las Caletas.

Acá en Chile la denominación las Rutas de … ha proliferado de un tiempo a esta parte; en cuanto valle se produce vino hacen un circuito al que llaman Ruta del Vino.

En este caso la Ruta de las Caletas nace como una iniciativa posterior al terremoto y tsunami del 27 de Febrero de 2010 que destruyó gran parte de las localidades costeras de la VII y VIII regiones.

El grupo minero Antofagasta Minerals elaboró un proyecto denominado Estamos Contigo, y se puso como objetivo apoyar la recuperación de la pesca artesanal del región del Maule (VII Región) y agregar valor al turismo de la zona.

Son 160 kilómetros de costa de gran belleza natural que da cobijo a 13 caletas de pescadores artesanales.

El objetivo es reconstruir la infraestructura pesquera básica de nueve caletas y considera el diseño e implementación de una ruta turística y gastronómica, con trabajos de remodelación en seis de las caletas más emblemáticas. Allí se han construido seis restoranes al borde del mar, que han sido entregados a las organizaciones de pescadores, lo que aumenta el potencial turístico de la zona.

Iniciamos nuestro viaje el jueves 5 de Abril y la ruta planificada era recorrer las caletas desde Sur a Norte.

Pasadas las 18:30 tomábamos la autopista General Velásquez para entroncar con la ruta 5 sur, por ser fin de semana largo nos topamos con una alta densidad vehicular, el primer taco (embotellamiento) de consideración lo encontramos antes del cruce Champa, en el km 40 app., y nos acompañaría durante 15 kilómetros más, hasta el Peaje Angostura… solo nos quedaba armarnos de paciencia y pagar el costo de unos días disfrutando algo distinto a bordo de nuestra camper.

Cruzamos el peaje y a la altura de Requínoa nos encontramos otro taco debido a un choque por alcance que no pasó a mayores, alrededor de las 22:00 estábamos a la altura de Curicó, donde pasamos a comernos un sandwich a las Cecinas Soler, una de las “picadas” que teníamos pendiente conocer.

El local estaba lleno y aunque el servicio era lento, era muy atento, los precios no son de “picada”, pero los sandwiches son deliciosos, la carne es solo de cerdo, y la mayonesa casera, tres sandwiches, dos café y una gaseosa sumaron catorce mil pesos, menos de US$ 30.

Seguimos viaje hasta pasar Talca y luego San Javier, pocos kilómetros al sur de San Javier se inicia la Ruta de los Conquistadores, ruta que tomamos para llegar a Cauquenes, nuestro primer destino.

Siendo las 23:40 app. tomábamos el desvío a Cauquenes; justo a la entrada se encontraba un matrimonio con tres pequeños de entre 5 y 9 años, nos hacen dedo, nosotros no acostumbramos llevar gente a dedo, pero al verlos con niños chicos decidimos llevarlos.

Se trataba de un matrimonio de Curicó que iba de visita donde una tía cerca de Cauquenes y habían perdido el bus que los llevaría. En el camino, el esposo nos comienza a contar de todas las bondades que nos ofrece la zona, buenos lugares para acampar a la orilla del río, dónde comprar vino joven de la zona, dónde comprar el “mejor aguardiente, aquel que se hace con aromo, que es el mejor aguardiente” son sus palabras. En medio de la charla nos invita a quedarnos con nuestra camper en el patio de la casa de su tía, “que es grande y tiene una higuera y un parrón para que se sirvan higos y uva”, nos dice.

Es así como esta primera noche la pasamos en casa de su tía, en medio de un campo grande y con un silencio que amplificó nuestro descanso.

Amanecimos antes de las 08:30 y le hicimos honor a los higos de la frondosa higuera, junto al corral en el que graznaban patos y gansos reclamando su desayuno. Pronto se hacen presente los dueños de casa y la tía se había levantado más temprano para obsequiarnos unas sopaipillas recién hechas, un hermoso gesto de agradecimiento por haber trasladado a su sobrino.

Nos despedimos cariñosamente y nos dejan invitados a que en cualquier momento que pasáramos por la zona contáramos con su hospitalidad.

Sin embargo lo que más me agradó de este joven matrimonio fue la seguridad que transmitía el jefe de familia. Pese a haber perdido el último bus que podía trasladarlos a su destino, justo cuando comenzaba la noche y tenía consigo a su esposa y sus tres hijos pequeños, transmitía seguridad.

En primer lugar estaba seguro de que pasaría alguien que lo trasladaría, “porque conocía muchas personas de la zona”, y en segundo lugar tenía pensado preparar un fuego para capear el frío de la noche. Pueden parecernos alternativas un tanto simples e incluso poco efectivas, pero creánme si les digo que esta persona transmitía una gran seguridad en sus decisiones y por lo tanto transmitía confianza y seguridad a su familia.

Llegamos a Cauquenes y desayunamos en la plaza, frente a la iglesia, unas sabrosas sopaipillas acompañaron el café matutino.

Frente a la iglesia en la Plaza de Cauquenes

Visitamos el mercado de la ciudad, que como es tradicional en este día, tenía gran cantidad de comercio ofreciendo productos del mar.

La Catedral de Cauquenes destruida por el terremoto

Luego seguimos a Curanipe, por un camino asfaltado entre los cerros, que sufrió grandes deterioros y está en reparaciones, por lo que varias veces tuvimos detenciones porque el paso era alternado entre un sentido y el otro.

Cerca de las 10:00 ya estábamos en Curanipe, pasamos a la pequeña feria libre, donde nos abastecimos de porotos del año, y lo mejor: harina de avellana.

Visitamos Cardonal, la caleta más al sur del proyecto y “donde los hombres tejen a palillo”, como reza un cartel en la calle principal.

Aparentemente este es el único lugar de nuestro país donde sufridos pescadores decidieron aprender este oficio tradicionalmente femenino, pero lo hacen por al necesidad de apoyar la economía familiar cuando “la mar está mala” como nos cuentan.

Los tejidos son los típicos que se hacen con lana de oveja hilada artesanalmente, teñida con tinturas naturales y motivos regionales. Gorros, ponchos, guantes, chalecos y otros conforman la variedad de productos que ofrecen al turista.

Desde Cardonal retornamos a Curanipe para almorzar, un caldillo de congrio, un chupe de jaivas y una corvina frita fue nuestro almuerzo de ese día. Con el sabor inigualable del producto recién extraído de nuestro mar.

Caleta Curanipe

Seguimos viaje, Loanco era la siguiente caleta, también conocida como Santos del Mar, una playa extensa, con mucho viento y un faro en la punta, una belleza especial le otorgaban las rocas semisumergidas y sobre las que reventaban constantemente las olas.

Descansábamos con un café en el estacionamiento de la caleta y sentimos alrededor de cuatro temblores, muy suaves todos, nos recordaban que en esa zona la tierra sigue acomodańdose.

Parte de la playa de Caleta Loanco, con sus rocas semisumergidas

El Faro en la punta de Caleta Loanco

Luego visitamos Chanco, un pueblo de la zona famoso por el queso del mismo nombre, donde aparte del queso compramos lentejas, del año, limpias, grandes y tiernas.

Permitánme una nueva digresión para hablarles de la abuelita a la que compramos las lentejas, una anciana de ojos claros, ya bien entrada en los ochenta, y a la que el terremoto destruyó su casa, hoy vive en una mediagua, que es una pieza de madera por la que el frío, o el calor, campean a sus anchas.

Vive de las pocas ventas que puede realizar sobre un cajón que ubica en la vereda cerca de la plaza, estaba visiblemente contenta cuando le compré lo que quedaba de su saco de lentejas, 12 kilos por doce mil pesos, app. US$ 24, pero con una dignidad que me hizo sentir orgulloso de mi pueblo.

También yo salí feliz, no por el poco dinero que le dejaba, sino por la dignidad que admiro en ella, en los breves momentos que compartí con ella nunca se quejó de la adversidad o de su difícil situación, y se mostraba feliz por estar con vida y salud, y poder seguir adelante día a día. Cuánto debo aprender de gentes como esta abuelita y del padre de familia que les relataba previamente.

Despidiéndonos de Loanco

Siguiendo nuestro periplo, nos detuvimos en Pellines, la siguiente caleta, a diferencia de Loanco en esta se notaba más actividad, más personas la visitaban y nosotros admirábamos el paisaje desde un mirador a la entrada sur, donde veíamos la caleta con sus botes varados, una explosión de colores sobre la arena gris gobernada por nuestro emblema patrio flameando al viento.

Seguimos viaje, la densidad vehicular y de personas aumenta notoriamente, en rápida sucesión pasamos Maguillines, Putu, La Pesca y llegamos a Duao, la actividad es frenética, mucha gente con sus muchos autos, parece ser que será un fin de semana muy productivo económicamente para nuestros pescadores.

Duao marca el final del camino costero, en esta caleta debemos adentrarnos al continente para seguir al norte, planificamos hacer noche en Vichuquén, un hermoso lago que teníamos ganas de conocer desde hace ya tiempo.

Lago Vichuquen

Salimos por un camino de tierra, en buen estado, pero muy empinado, de unos 17 km de longitud, debíamos ir muy tranquilos por el camino angosto y las continuas lomas que atravesábamos, hasta que llegamos al lago a eso de las 18:00, compramos pan amasado (casero) y nos dirigimos al camping del sector.

En el lago nos esperaban varias sorpresas, frustrantes algunas de ellas, la primera es que el lago se encuentra absolutamente rodeado por propiedades privadas, la “playa publica” no alcanza los veinte metros de longitud y no es posible pasear por la orilla del lago pues se encuentra cercado.

La segunda sorpresa es que la entrada al camping, que nos han dicho que es bonito y bien equipado, tiene un arco bajo, por el cual no pasa nuestra Isabella, que es de techo alto.

Al mal tiempo buena cara; nos decidimos a buscar un lugar apropiado para estacionarnos, comer, descansar y pernoctar. En nuestra búsqueda un lugareño nos ofrece estacionarnos en su propiedad, nos brinda electricidad y quedamos a pocos metros de un embarcadero sobre una alfombra de pasto verde.

Sacamos nuestra mesa y sillas y merendamos con vista al lago y una agradable temperatura, no era posible darse un chapuzón porque en esa zona la vegetación acuática es muy abundante y superficial, me pregunto si no será frecuente que se enreden las algas en las hélices de los motores.

Comienza el atardecer, y recibimos de regalo una hermosa luna llena.

Esta es la mía, me dije, seguiré en mi eterno intento de fotografiar la luna… Saco el trípode de la cámara y la preparo para tomar varias instantáneas de nuestro satélite. Modifico apertura, tiempo de exposición y sensibilidad. Efectúo varias tomas en diferentes instantes. Termino feliz. Ahora sí que sí.

Tendré que seguir probando, porque los pobres resultados obtenidos los tienen a la vista.

Luna llena en Vichuquen

A la mañana siguiente nos preparamos para seguir viaje, esta vez el destino es Llico, otra de las caletas del proyecto.

Otros 15 kilómetros de camino de tierra y llegamos a un pueblo limpio y ordenado y en el cual uno de los productos estrella es un pastel conocido como “chilenito” un alfajor de manjar (dulce de leche) bañado en betún blanco de clara de huevo.

Los chilenitos los compras en cualquier pastelería del país, pero estos se llevan el trofeo a la calidad, una masa suave y esponjosa, de pastel recién hecho. Como para comer hasta enfermarse.

Algunas fotos en lo que fue el muelle del pueblo y seguimos viaje, esta vez enfilábamos hacia Lolol. pasamos por una zona en la que se seca el agua de mar para extraer la sal, nuevamente kilómetros y lomajes de camino de tierra, pero en buen estado hasta que se inicia el pavimento y caminos en excelente estado.

Llico

 

Salinas

Pasamos por Lolol, un pueblo muy azotado por el terremoto, pero que está en las etapas finales de reconstrucción, reconstrucción que ha respetado la arquitectura típica de las casas y le da un aspecto peculiar y hermoso.

Luego de Lolol la cuesta cuya cima alberga el villorrio de La Lajuela, zona típica de fabricación de “chupallas” el sombrero de paja de arroz y ala redonda, típico de nuestros “huasos” y campesinos, llegamos a Santa Cruz, una ciudad grande y pujante de la VI Región, que marcaría el fin de nuestro viaje, pues desde ahí ya enfilamos sin parar hasta llegar a casa, sanos y salvos.

Valle de Santa Cruz

 

Bonus Track

Comments»

1. MARIO SILVA - April 12, 2012

TE FELICITO………..LO TIENES TODO!!! ……………..ESPIRITU!!!
VW Y UNA SEÑORA QUE TE ACOMPAÑA A DONDE EL DIABLO PERDIO EL PONCHO………..SALUDOS

2. marisol - April 13, 2012

Buenísima ruta …..que ganas de haber ido por esas rutas…. muchas gracias por transmitir tu aventura…haber si muy luego nos decidimos a recorrerla con nuestra ednesita floripondia.
saludos

3. Francisco Bravo - April 13, 2012

estimado que buen viaje , yo en mi primer verano con la kombi hice un viaje muy parecido solo que primero pasamos a las 7 tazas y luego toda la costa, aun tengo una bolsita artesanal de sal de las salinas de lo valdivia, la uso para los asaditos…

saludos

4. roberto - April 15, 2012

Amiga y amigos de kleinbus.cl

Gracias por los comentarios.

Marisol, “hay que puro ponerle no más”, una buena alternativa es salir desde Santiago con dirección a Melipilla y llegar a Pichilemu, de ahí a Boyeruca y se armó el paseo para un fin de semana normal.

Saludos,

Roberto

5. ricardocartagena - April 15, 2012

Que alegria me da saber que conociste la ruta de las caletas. Y con orgullo te cuento que yo y nuestro equipo de trabajadores reconstruimos la caleta Loanco, la primera y unica que fue inaugurada por el presidente, y la primera de cuatro caletas que construyo la empresa en donde me desempeno. Me llamo la atencion que no mencionaste Pelluhue, la caleta que esta entre Chanco y Curanipe. Otra caleta que no visitaste fue Boyeruca, al norte de Llico. Viste la laguna Torca?

roberto - April 16, 2012

Javi,

¡Un gusto leerte!, mira qué pequeño es el mundo, tu reconstruiste Loanco y luego nosotros la visitamos. Efectivamente no menciono Pelluhue porque no nos detuvimos en esa caleta, seguimos hacia Loanco, tampoco pasamos a Boyeruca pues enfilamos de regreso a casa, y respecto de Laguna Torca, solo vimos la señalética de Conaf, ni siquiera sabíamos que existía una reserva nacional.

Espero que algún día volvamos a reunirnos en la ruta.

Un abrazo,

rca

6. roberto - April 24, 2012

te felicito, un buen relato, entretenido y dinamico. Te amo Angelica


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