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El Pie de Jaipur – Javier Moro November 19, 2011

Posted by roberto in Libros.
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En esta reseña les quiero comentar uno de esos libros que dejan huella. Lo cuento entre los mejores que he leído, y si bien lo leí en el hoy lejano 2003 (se editó por primera vez en 1995), parece ser que este año han hecho una reedición que espero llegue a nuestro Chile.

Javier Moro, su autor, es sobrino de Dominique Lapierre, y ambos escribieron otra historia magnífica: Era Medianoche en Bhopal. Su estilo es la crónica amena, cercana, en gran sintonía con su lector.

En «El Pie de Jaipur», Moro relata la vida de los minúsvalidos, a través de Christophe Roux, un joven francés que queda tetrapléjico a los veinte años tras un tonto accidente.

La narración se desliza desde el momento del accidente, con los malos hospitales, los diagnósticos errados, la desesperanza que sembraban los médicos, el tesón de una madre devota, la depresión del paciente, hasta que descubre una clínica, centro de rehabilitación, que le devuelve la esperanza y las ganas de vivir, en esta clínica comenzaría a recuperar parte de los movimientos de su cuerpo, conocería a Song Tak, joven camboyano -igualmente veinteañero-, en quien la miseria humana había sido pródiga a partir de sus trece años.

Se enamoraría y formaría pareja con la enfermera Francoise, que no era minúsvalida y terminaría participando en los Segundos Juegos Paralímpicos, es decir las olimpiadas de los físicamente impedidos.

Adicionalmente relata someramente el holocausto del pueblo camboyano y su rehabilitación tras el régimen del Khmer Rouge.

Aparece también una breve, aunque no menos destacable, participación de Stephen Hawking y no es sino luego de avanzada la segunda mitad del libro en que se descubre el origen del título, una protésis de fácil construcción, ideal sobretodo para países del tercer mundo, debido a su bajo costo, pero obviamente enfrenta el rechazo de las grandes corporaciones, Cruz Roja Incluida.

Sin lugar a dudas se trata de una bella historia, en la cual el espacio de la compasión, es reemplazado por la solidaridad. Solidaridad y cariño, que aliviana la cruz de quienes acompañan al enfermo. Admiramos la valentía de los padres, el inmenso valor de la compañía de los amigos y también el amor de pareja.

Les adjunto la reseña de contraportada:

En 1984, un joven estudiante víctima de un grave accidente coincide en una clínica del sur de Francia con un camboyano, superviviente de la época de los Jemeres Rojos. Decididos a desafiar los pronósticos más pesimistas y dar lo mejor de sí mismos, se ayudan mutuamente, luchan y vencen en un combate lleno de valor, y también de compasión, que nos lleva de Monpellier a Nueva York, de Phom Penh a Jaipur y más tarde a Barcelona; un combate que es una lección de esperanza que nos arroja luz sobre la sorprendente capacidad de los seres humanos para sobrevivir y hacer frente a la adversidad extrema.

“El pie de Jaipur es la aventura de unos seres que son el símbolo mismo del valor de la vida, precisamente por encontrarse en la situación en la que están. Personas que confiesan, como el físico Stephen Hawking a un personaje del libro, que no habrían llegado a donde han llegado, de no ser por su enfermedad. ¿Cómo permanecer impasible ante semejantes testimonios? Durante mi investigación me di cuenta de que los personajes de El pie de Jaipur iluminan nuestra existencia como un faro en el mar oscuro. Representan el valor y la esperanza; son un símbolo de la pasión de vivir”. 

Javier Moro


(lo siguiente está tomado de ecofactory)

El pie de Jaipur es una prótesis desarrollada a lo largo de los años 40 en Jaipur, India,por el Dr. Sethi (ya fallecido). Su coste es de 4 dólares y lo curioso de ésta prótesis es que al contrario de los sistemas ortopédicos desarrollados en Europa y en América, éste tenía la ventaja de estar concebido para campesinos que trabajan descalzos y en cuclillas. Era la prótesis de los pobres. Cada cual podía repararla, sin tener que viajar días enteros a la ciudad más próxima.

“Después de operarles de polio, mis pacientes regresaban a sus casas y de nuevo adquirían malformaciones porque no tenían medios para conseguir aparatos protésicos. Entonces, ¿para qué servían mis operaciones?” Las prótesis disponibles en La India eran caras. Heredadas de los ingleses, no correspondían al estilo de vida oriental. “Estaban concebidas para gente que usa zapatos, gente que vive en una `cultura de silla’, con el pie en ángulo recto. El 90% de los indios pobres van descalzos y trabajan en cuclillas con el tobillo torcido”.

Había que idear algo distinto y no era nada fácil porque no existía ningún trabajo sobre el que pudiese inspirarse. “Nosotros teníamos que innovar. Y esto no sólo exigía más ciencia, sino también un entendimiento más profundo de nuestra sociedad”, afirma Sethi. Una prótesis para pobres, en un país tan férreamente compartimentado en castas como La India, era ciertamente una idea revolucionaria. El proyecto carecía de criterio de rentabilidad y, además, la especialidad de ortopedia estaba considerada como secundaria por los demás médicos. En La India, los miembros de las clases privilegiadas no suelen rebajarse a tareas manuales, como fabricar prótesis, porque les resulta indigno.

El médico pensó en el caucho. Si era un material tan duro como para hacer rodar a los camiones por las terribles carreteras de La India, debía de valer para el andar humano. Como no disponía de trabajadores especializados, se le ocurrió buscarlos en la cantera de artesanos altamente cualificados que siempre ha existido en La India: curtidores, carpinteros, herreros… Al principio, todo fueron fracasos. “Lo fundamental, la principal innovación del diseño, fue suprimir la quilla metálica del interior. Nos costó mucho hacerlo porque pensábamos que el pie se rompería. Al final, después de años de experimentos, conseguimos una prótesis flexible, sólida y barata”.

Sin fatalismos. Cuando se enteraron de que existía algo que podía cambiarles la vida, los discapacitados empezaron a llegar, primero por decenas y luego a cientos, al hospital donde trabaja el Dr. Sethi. Llegaban pacientes de 60 años que llevaban 40 arrastrándose por el suelo. “La idea tan extendida del fatalismo de los indios no es más que un prejuicio. Cuando se les ofrece algo para mejorar la vida, lo aprovechan”, reconoce Sethi. La cola del hospital de Jaipur a veces alcanza 500 metros.

Los tullidos vienen acompañados de sus familias y acampan hasta conseguir ser atendidos por el personal del taller de prótesis. Algunos esperan hasta tres semanas a que les llegue el turno. El hospital les proporciona dos comidas gratuitas al día. El comedor parece la corte de los milagros: entre muletas, carritos y sillas de ruedas, una multitud de tullidos engulle lentejas y arroz en una algarabía general. Una pierna artificial significa para todos una vida normalizada.

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