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Esteban Troncoso y su relato para la Clásica Tres Cuestas November 8, 2011

Posted by roberto in Clásicas cicloturistas.
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Esteban con mucho ánimo antes de enfrentar la clásica

A continuación les dejo la visión de Esteban Troncoso, de esta claśica, relatada anteriormente aquí.

Que la disfruten.

Todo partió como idea loca. Juntarse con el Cicloclub Viña del Mar y su clásica “3 Cuestas” (últimamente transformada en 2 cuestas) y hacer con ellos la mitad del recorrido, con el objeto de no resentir el almuerzo dominical con la familia.

Llamé a mi compadre Roberto Cornejo, quien sí participaría de toda la jornada de la clásica, y nos coordinamos para el transporte hasta el lugar de partida y llegada. El trazado contemplaba partida a las 09:00 en Olmué, ascensión a la extensa y dura cuesta la Dormida por su cara poniente, para luego enfilar a Til-Til y posteriormente hasta la Ruta 5 Norte, punto de avituallamiento y regreso, a fin de completar extensos y agotadores 120 km. En resumen, un trazado exigente con 2 ascensos a La Dormida y falsos planos a granel.

Salimos a las 7:45 de la casa de Roberto y la entretenida conversa nos hizo olvidar la hora. Al llegar a Olmué ya eran las 09:15 y nuestras esperanzas de pillar al grupo en la largada se desvanecían. Claro, no contábamos con la inpuntualidad del chileno. En realidad, terminamos siendo de los primeros en arribar. Un reducido grupo de no más de 25 o 30 pedaleros se dieron cita lentamente. Tanto, que la largada fue cerca de las 10:00. Muy tarde y el calor ya arreciaba.

El grupo a ritmo de calentamiento, salió de Olmué, y se encaminó hacia la cuesta. Hay que recalcar que todo este trayecto era más que un falso plano. Era el comienzo de una ascensión que no mostraba descansos. El ritmo comenzó a crecer y el grupo rápidamente se cortó en 3. Después de recibir los consejos de Marotto respecto a lo poco práctico de mi desarrollo (53/39 con 12-23) me di a la caza del grupo de avanzada liderados por el Team Bike-Chile. Los primeros kilómetros a 18 y 20 km/hr hicieron una rápida selección. Me sentía bastante bien subiendo con 39-23 y así pude mantener un ritmo ágil sin necesidad de estar cambiando desarrollos constantemente. Eso me permitió ir superando algunos ciclistas que se habían escapado en el grupo de “elite”. incluso a pesar de llevar una frecuencia cardíaca entre 96 y 99%, no sentía gran cansancio y sólo el cambio de ritmo de los 3 ciclistas con los que hice la última parte me obligaron a superar el 100%.

Lo mejor de todo, es que los grupos de apoyo son realmente eso. Van dando gritos de apoyo todo el trayecto, poniendo música para marcarte el ritmo o incluso se ponen detrás tuyo y te apuran cuando comienzas a quedarte. Fue así que en todo momento fui superando obstáculos y realmente me sentí también acompañado por estos simpáticos colaboradores.

Más de una hora toma ascender a buen ritmo esta cuesta por su lado poniente. Por lejos, es la cuesta más desafiante y hermosa que me ha tocado escalar. No tendrá la pendiente asesina de Mallarauco, pero su extensión la asemeja a las pruebas más desafiantes del calendario pro-tour. Debería ser etapa obligada en una Vuelta de Chile.

Al llegar a la cima, entre los 7 u 8 primeros, tomo un breve descanso. Minutos después veo a Cornejo, llegar… muy descansado (no resistió la tentación de subirse a la camioneta). Me confidencia que él retornará a Olmué desde allí. Yo, al ver que quedan muchos por terminar de subir y que el reagrupamiento se alargará eternamente, me despido de Roberto y decido emprender mi regreso a Santiago sólo. Bajo raudamente en dirección a Til-Til y al llegar al plano compruebo la maldición de La Dormida. Mis piernas poco me responden. Son pasadas las 11:45 y el calor se deja sentir con fuerza. En el trayecto lo que era una brisa suave se transforma en una viento agotador, e impotente contemplo como mi velocidad inicial de 33 km/hr va bajando hasta situarse entre 26 y 28 km/hr… todo un desastre.

Poco a poco siento que la deshidratación le gana a mi cuerpo. Es así como a las 12:30 cuando ya voy por Panamericana con dirección a Santiago y con fuerte viento en contra, decido cambiar bruscamente de planes y llamo a mi señora para que parta con auto y niños en dirección a Los Andes por la Ruta Los Libertadores. Con eso, espero acortar algunos kilómetros mi rodar, pero lo principal, quitarle el cuerpo al viento el contra que en ese momento me estaba demoliendo el paso.

Una cosa por otra, el viento por estos días cambia de dirección rápidamente. Pero lo peor, la zona de Huertos Familiares y Quilapilún son un infierno de calor. Comienzo a sentir ardor en los pies y me aumenta la presión en la cabeza. Signos claros de deshidratación… Llego por el camino del desierto a la Ruta Los Libertadores, y comienzo a subir hacia el túnel Chacabuco. En un arresto de fuerzas, mantengo el 53 y me ubico con el piñón 23. Así doy cuenta de esta pequeña cuesta que con el calor y siendo las 13:20 no te deja ni pensar.

Arriba, en la estación de servicio de la Concesionaria, por fin consigo agua y refresco mi alicaído cuerpo. Unos 10 minutos más tarde llegará mi señora con los niños. Bicicleta arriba y a disfrutar de un necesario almuerzo “Donde el Guaton”, verdadera picá como pocas que van quedando.

David Tomasello y su "partner"

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