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Ruteo Vuelt’el Perro June 12, 2011

Posted by roberto in Salidas en Santiago.
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Esteban en la cumbre de Cuesta Lo Prado

Desconozco el origen del nombre de esta vuelta clásica de los ciclistas capitalinos de Chile, pero en este ambiente se le conoce así.

Consiste en salir de Santiago y recorrer las cuestas Barriga y Lo Prado volviendo al punto de partida. Como es un anillo, se puede hacer en dos sentidos, nosotros preferimos hacerla en sentido horario, y aprovechamos dos ascensos: Barriga y Lo Prado.

No tenía muchas expectativas para el ruteo de hoy, ya que no me uní al ruteo colectivo y pensaba que probablemente tuviese que rutear en solitario, por lo que a las 07:30 aún estaba acostado juntando fuerzas para levantarme.

En eso estaba cuando recibo el motivador llamado de mi amigo Esteban que me conmina cariñosamente a prepararme. Esa era la ayuda que necesitaba.

Abandono la cama rápidamente y comienzo a preparar el desayuno, no podía ser el desayuno tradicional pues ya estaba muy atrasado.

“Qué diablos, me tendré que saltar la avena que es la que me toma más tiempo en comer, ¿me afectará en el rendimiento?, bueno, me llevo los higos secos y además una bolsita con pasas y nueces, y si eso no me basta paro en algún negocio”.

“¿Hago jugo de betarraga?, el domingo anterior lo vomité… claro que fué porque me tome medio litro de un sopetón… voy a hacer solo una betarraga grande, mezclo la mitad con mi jugo de naranja y la otra mitad la hecho a la naranjada de las caramayolas. Total en Google encontré que podía aumentar mi rendimiento en… ¿cuánto?… no recuerdo, pero de que lo aumenta lo aumenta. Como siga así, voy a terminar leyendo el horóscopo y calculando el biorritmo.”

Bien. Jugo, huevos a la copa, tazón de café y tostadas con mantequilla. Luego el baño, el aseo, me visto, ¿con qué me visto?, la mañana está fría pero eso cambiará conforme avance la hora, ya son las 08:00, pronto va a llamar Esteban y comenzará a quejarse. Llama Esteban.

“Espérame, me visto y salgo, ¿cuánto?… no, si son solo unos veinte minutos más. Sí claro, pero…” Cortó el teléfono.

Al final, pantalones largos, chaquetilla y guantes largos.

Salgo de casa, la mañana fría, que bueno que me abrigué, llego al punto de partida, Esteban brilla por su ausencia, ¿y para esto me apuré tanto?, apenas lo encuentre le voy a cantar unas cuantas verdades. Salgo a buscarlo, a lo lejos se divisa, minúsculo, encogido por el frío, pero con ruedas Mavic Ksyrium Elite (y varias palabras más), nuevecitas.

Ojalá no tire demasiado rápido. Esteban es mejor ciclista que yo, es mejor escalador, aunque le gano en el descenso, también en el plano tiene más resistencia, pero hoy no permitiré que me de palos, somos solo dos y la vuelta tiene más de 110 kilómetros.

Rodamos animadamente por las calles urbanas hasta entrar a la Autopista del Sol, nos quedan 15 km hasta la entrada a Cuesta Barriga, tomo la delantera y mantengo un buen ritmo, en varios tramos vuelvo la cabeza para observar a mi compañero algunas decenas de metros atrás. El juguito de betarraga se las trae.

Llegamos al camino a Cuesta Barriga. “Oye Cornejo, vienes demasiado rápido, no vaya a ser que más adelante te desinfles”.

La dosificación, el encontrar el ritmo apropiado para cada evento, es lo más difícil para un ciclista. Siempre recuerdo la máxima “tranquilo al principio, duro al final”.

Enfilamos hacia Barriga tranquilos, en el kilómetro 9, Esteban me dice “ya pato, aquí me despego, hago cumbre y regreso a buscarte”

Algún día le haré tragar sus palabras, mientras tanto me consuelo pensando que tiene 10 años menos que yo… y también diez kilos menos.

Haré un esfuerzo por acortar la distancia, subiré solo pero exigido, son solo 5,5 km de ascenso, 5.500 metros. Bajo al 34, 34×19, vamos Corne, nada de quedarse, manténlo siempre a la vista.

¿Dónde está?, no puede haber tomado tanta ventaja. Ahora lo veo, en una curva adelante. Registra cuántos metros te lleva de ventaja. Llego a la curva, solo 600 metros de ventaja, pero que se irán aumentando, bajo al 16 y me paro en los pedales, ya estoy en el km 11, la pendiente afloja y aprovecho de subir el ritmo, ya no veo a Esteban, pero el muy puto no puede haberse adelantado mucho. Km 12, viene una rampa, pero fácil, bajo al 15 y me paro en los pedales, muy fácil, subo al 50, muy trancado, 50×16, impecable, ahora a acortar la distancia, km 13, ahora cada metro cuenta, 13,5 y Esteban no aparece, estupendo no me aventaja más de dos mil metros. Aparece en el km 14.

Hacemos cumbre y bajamos de inmediato, una bajada fría, nos detenemos en el plano para orinar, me como algunos higos y seguimos tranquilos hasta el cruce a María Pinto.

Entramos a María Pinto y Esteban toma la delantera, mantiene sobre 30 km/hr, no me puedo despegar, soy capaz de seguirlo. Manténte a rueda. Un perro en la orilla, ojalá lo persiga y lo canse un poco. Perro de mierda flojo.

Km 9, faltan 3 para María Pinto, ¿o son cuatro?, en fin, a 30 km/hr hacemos 15 km en media hora y 7,5 en quince minutos, o sea que en cinco minutos hacemos 2,5 km. Estupendo, en cinco minutos más estaremos en María Pinto. Pero viene la rampa que está antes, la enfrento parado en los pedales, acelero, adelanto a Esteban y llego primero a María Pinto, levanto los brazos y saboreo el néctar de la multitud que me aplaude al verme pasar por la linea de meta. Tras de mi, Esteban con el rostro impávido, incapaz de ver a esos hombres, mujeres y niños que agitan sus banderas saludando mi victoria.

Cruzamos María Pinto y nos dirigimos hacia el camino a Lolenco, 4 km a ritmo de recuperación. Llegamos al cruce y enfilamos hacia la R-68, Esteban nuevamente toma la delantera e insiste en que vaya a su rueda, protegiéndome del viento. Maldito petulante, voy a tomar su ruedas Mavic nuevecitas y se las voy a meter por buena parte.

Este camino tiene 11 km de longitud, algo de tráfico y nuevamente lo hacemos con intensidad, no me despego y me mantengo en mi umbral aeróbico, pero los kilómetros avanzan lentamente, no importa, una vez en la R-68 nos quedan un par de kilómetros antes de subir Lo Prado y exigiré hacerlos a un ritmo de recuperación.

Por fin llegamos a la autopista, seguimos por la caletera y llegamos a la subida Lo Prado, 7 km de longitud con una pendiente uniforme, el trafico intenso, como de costumbre, y Esteban adelante, como de costumbre.

Esta vez no me preocupo de acortar distancias, debo llegar muy entero arriba para enfrentar los últimos 25 kilómetros que nos separan de casa.

En la cima, mientras esperamos la camioneta de transporte, le tomo un par de fotos a mi amigo y llega un rutero, un saludo frío y sigue de largo, ¿hacia dónde?. Hacia abajo se ven tres ruteros más subiendo, dos jóvenes adolescentes y otro en sus sesenta bien entrados, animado y de buen humor comenzamos a bromear mientras llega el vehículo. Finalmente nos acomodamos siete y cruzamos el túnel.

Una vez nos bajamos de la camioneta seguimos rodando juntos, en fila de uno, el rutero silencioso toma la delantera y sostiene un ritmo endemoniado, ya he sobrepasado mi umbral aeróbico, pero me obligo a no despegarme del grupo, en la cabeza el mismo ciclista, no se cansa, pedalea y pedalea, me cuesta mantenerme en la linea, pasamos una pareja de ciclistas, bien, eso me da ánimos, más adelante otro ciclista, lo pasamos también, más ánimo para mis piernas.

A la altura de Laguna Caren el simpático ciclista maduro se descuelga.

Cómo me cuesta mantenerme en la linea y el puntero no se cansa.

Antes de la entrada a la Autopista Costanera Norte, hay una rampa de 300 metros, espero no quedar tirado ahí. Triunfo, no me despego.

Seguimos. A mi derecha el Cementerio Evangélico, otra rampa, no me despego, adelanto a uno de los adolescentes que va al borde de su rendimiento, en el cruce Vespucio se desvía el puntero, no alcanzo a despedirme y me habría gustado hacerlo, me mantuvo en un ritmo exigente, durante 15 kilómetros.

Una vez pasamos Vespucio, Esteban toma la delantera y apreta el ritmo como sacándole rodaje a sus ruedas Mavic nuevecitas. Ya no volvería a verlo hasta el cruce Pajaritos.

Ruedo solo, el chico que pasé quedó definitivamente descolgado, en el camino paso a un ciclista en bici de triatlón, se pega a mi rueda, en un principio me molesta, pero luego trato de dejarlo atrás, no puedo, disminuyo la velocidad y dejo que pase adelante, ya estamos cerca del paso bajo nivel de Teniente Cruz y lo voy a largar en la rampa de subida, ojalá funcione. Enfrento la subida tras él, bajo al 15, me paro en los pedales y ¡zas!. Aguanta Corne, aguanta solo 500 metros y lo dejarás atrás. Funcionó.

En Pajaritos me despido del adolescente que esperaba a su compañero y me reúno con Esteban.

Entramos a Alameda y seguimos ruteando hacia casa a ritmo tranquilo y charlando.

Claro que “charlando” no es más que un eufemismo para disfrazar la retahíla de críticas, disfrazadas de consejos, que siempre me brinda mi amigo Esteban.

Nos despedimos en calle Nueva Imperial, y Esteban me pregunta por qué tengo una sonrisa en mi rostro. ¿Cómo no voy a estar contento si resultó un ruteo que superó mi más optimista expectativa?.

Ya imagino cómo andaría si además del jugo de betarraga agrego unas ruedas Mavic nuevecitas.

Comments»

1. Luis Cifuentes U. - June 15, 2011

Excelente crónica, felicitaciones. Gracias por compartir esta ruta con nosotros.

2. Franco San Martín - March 20, 2014

Wow ! ha pasado un largo tiempo desde que escribiste esta crónica ! pero vaya que me divertí !!

Saludos !!!


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