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Viña del Mar – Portillo… ¿o coitus interruptus? November 29, 2009

Posted by roberto in Clásicas cicloturistas.
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El Cicloclub Viña del Mar organiza tres grandes clásicas en el año calendario. La primera es Viña del Mar – LosVilos, luego Tres Cuestas y finaliza el año con la gran clásica Cruce de Chile, esto es Viña del Mar – Portillo.

Las dos primera clásicas ya han sido reseñadas en este blog y la tercera no podrá serlo pues el cronista, quien escribe estas líneas, sufrió un desperfecto mecánico irreparable en la ruta. De modo que a continuación leerán los comentarios del tramo que pude realizar “sin problemas”, las comillas destacan que la frase es más bien un eufemismo, pues el grupo impone una intensidad de pedaleo que obliga a algunos a subirse a los vehículos de apoyo.

Dado lo anterior, esta crónica tendrá, además, un tinte personal que agrega detalles que en realidad son importantes solo para mi.

Se inicia esta clásica cicloturista en la llamada ciudad jardín de la República de Chile; Viña del Mar. A partir de las 08:30 se comienzan a reunir los casi 40 pedaleros que darían brillo a este ruteo, en la recta Las Salinas, cerca del muelle Vergara y frente al mar.

Había salido de Santiago en el bus de las 07:15, desde el Terminal Pajaritos, vestido con mi traje ciclista, mi mochila por ser una prueba de dos días y el ánimo por lo alto. Durante la semana confeccioné la lista de las cosas que debía llevar y me había preocupado el día anterior de preparar mi desayuno de salida típico, llegué al terminal de buses con suficiente tiempo y una vez arriba me senté y comencé a recorrer con los ojos un paisaje que varias veces he contemplado desde el sillín.

A poco de transcurrir el viaje mi estómago comienza a reclamar una visita al servicio higiénico, más bien una segunda visita, ya que como ciclista experimentado la evacuación matutina es parte de los trámites de preparación. El terreno estaba abonado para el error número1: postergar la ida al baño, pese a que el bus estaba equipado, confiado en que una vez en el punto de partida podría hacer lo que privadamente debemos hacer, me aguanté las ganas.

Llegué a Viña del Mar a las 08:40, con un día despejado y de agradable temperatura, armé mi bicicleta y enfilé hacia el punto de encuentro, me sorprendió encontrar en esta oportunidad un tráfico inusualmente más alto que lo habitual para esa hora de la mañana, será la cercanía de la Navidad reflexioné.

Una vez llego al punto de partida, contemplo con desaliento que la zona de servicios está en plena remodelación, y por lo tanto clausurada, comienzo a saludar a los viejos y cariñosos amigos del CCV, abrazos, sonrisas, saludos me hicieron olvidar momentáneamente mi necesidad, faltando pocos minutos para la partida, que siempre se alarga, mi amigo Jorge Rodríguez me sugiere ir a una estación de servicio que se encuentra a 200 metros del lugar, pese a lo cercano de la partida decido ir, y lo hago.

Una vez satisfecha esta elemental necesidad fisiológica, tomo mi bicicleta para regresar al punto de partida y, nada más salir de la estación de servicio, pincho la rueda trasera, fue un llantazo. En ese momento me baja la inseguridad, ¿habrán partido ya?, ¿cómo los alcanzo si no conozco el camino?, me encontraba en una curva desde la que no veía el punto de partida, y hacia el norte no se veía nada; solo tenía el teléfono de Marotto, que no contestaba (error de errores no tener un conjunto de números de emergencia), decido pedalear pinchado los docientos metros de vuelta, una vez que llego descubro que ya están a segundos de la largada, mientras el pelotón sale comienzo a reemplazar la cámara pinchada y veo a nuestro reportero audiovisual: Wladimir Venegas, rezagado. Sin dudarlo le gritó “Negro espérame y nos vamos juntos”, reparo el pinchazo y nos vamos con Wladimir y la camioneta grande de apoyo en la retaguardia. El orgullo ciclista nos impide subirnos al vehículo para alcanzar el pelotón y comienzo a pedalear con fuerza, Wladimir atrás, como a cincuenta metros, y yo mirándolo de vez en cuando y dándole ánimo con fuertes epítetos que le recordaban su pobre estado físico.

Fueron aproximadamente cinco kilómetros, en los que por primera vez no puedo disfrutar del ruteo por el borde costero, pero finalmente los alcanzamos.

Una vez reintegrados seguimos pedaleando a un ritmo tranquilo, nos encontramos con lo que sería la tónica del viaje una zona con reparaciones en la ruta: un tramo de aproximadamente doscientos metros en el que incluso debimos caminar.

Finalmente llegamos a la rotonda desde la que parten los caminos a Quinteros y Quillota; tomamos esta última ruta, la 60 que, por lo menos en estos kilómetros iniciales, se encuentra también en reparaciones y con zonas de una sola pista, bastante tráfico de micros y camiones nos obligan a un pedaleo concentrado, tres o cuatro kilómetros hacia Quillota tomamos el desvío hacia Colmo, en esta zona hacemos el primer reagrupamiento general y luego tomamos un camino rural que bordea el río Aconcagua con muy poco tráfico, comenzamos a dar rienda suelta a las ganas y aumentamos el ritmo, nos juntamos con Mario y empezamos a darle caza a un grupo de punteros (típico error que cometo una y otra vez), a poco andar se nos une Rodrigo y terminamos los tres a prudente distancia de los punteros.

El camino tiene sus buenos repechos que nos exigen un poquito más las fuerzas. Al final de esta ruta tenemos un segundo reagrupamiento general y seguimos a un ritmo controlado hacia la ciudad de Quillota. Un tramo para olvidar: calles urbanas y llenas de baches y grietas, finalmente la calle principal, pequeña como la ciudad misma, pero con un tráfico de día laboral.

Saliendo de Quillota tomamos la autopista hacia la ruta 5 (la panamericana), al fin tres kilómetros de ruteo por carretera, llegamos a la R5 y enfilamos hacia el sur, a la plaza de peaje Las Vegas donde tendríamos la detención de avituallamiento en la estación de servicio Copec.

Fueron aproximadamente 18 kilómetros por este tramo de carretera, viento de cola y un rodar intenso promediando 30 km/hr y a ratos 40 km/hr, me costaba mucho seguir al grueso del pelotón que se mantenía a duras penas compacto. Finalmente, en el túnel La Calavera, me despego del grupo, dándome una pequeña licencia dado que faltaba solo un par de kilómetros para la parada de merienda.

Llegamos a la estación de servicio y estuvimos un rato largo descansando, comiendo y conversando. A las 13:30 retomamos la ruta, un trecho corto nos condujo al cruce con la autopista hacia Los Andes, que también estaba en construcción, pero una berma de calidad nos permitió hacer un buen ruteo, aunque nos duró más bien poco pues pronto entramos a la zona urbana, con una sola calzada y en mal estado, pese a eso y al tráfico el ritmo que se imponía era intenso y me costaba bastante mantenerme en el pelotón.

En el cruce San Felipe existe un pequeño repecho por lo que me preparé para pararme en los pedales, un par de pedaleadas parado y zas… se frena la rueda trasera, giro hacia la derecha para salir de la pista coordinando además sacar los pedales para no caerme y pensando simultáneamente qué mierda me había pasado ahora, uno de los compañeros que me seguía me grita que se metió el cambio en la rueda… resultado: el cambio y la pata fusible torcidos. Fin de la marcha cicloturista tan esperada.

Lo positivo es que no me caí y tampoco provoqué ningún accidente en una ruta que se prestaba notablemente para ello.

La lección es que nunca se deben descuidar los aspectos de mantención recomendados, en este caso yo había cambiado varias veces los piñones del cassette en busca de la combinación que mejor me acomodase, además había cambiado la rueda completa y no me preocupé de ajustar los pernos que impiden que el cambio toque los rayos. La contribución de Murphy fue hacer que este accidente me ocurriera en una clásica en lugar de ocurrir en un ruteo de entrenamiento, ya que los cambios los había realizado varios meses atrás.

No quedó sino armarme de paciencia y esperar uno de los vehículos de apoyo para seguir a la caravana desde un asiento.

De ahí en adelante me lo tomé con resignación, el tramo final, pasando la ciudad de Los Andes y tomando la ruta internacional que conduce a Portillo está también en reparaciones y con varias zonas de una sola pista y banderero.

Los últimos veinte kilómetros fueron de competencia y era duro ver a mis compañeros desgastados en la subida al Salto del Soldado sacando fuerzas del último rincón del cuerpo donde quedara algo de energía, el sufrimiento patente en la cara, ¡qué habría dado por una cámara fotográfica!

Llegamos pasadas las 17:00 a los refugios que el club había contratado, nos aseamos y comimos.

Como de costumbre, José Pepe Villagrán y su equipo se lucen, una entrada de verduras surtidas coronadas con un huevo duro bañado en salsa golf constituye la entrada, el fondo un abundante y exquisito plato de tallarines con salsa y una presa de pollo, además una salsa picante como aderezo, vino tinto varietal, el vino insigne de Chile: Gato Negro y gaseosas de fantasía constituyen el bebestible, finalmente un postre de frutas surtidas, coronan con acierto un promedio de 7 horas de pedaleo.

Como pueden apreciar la comida preparada no solo era exquisita sino que además pensada para una buena recuperación.

Es justo reconocer que Pepe es uno de los grandes activos del Cicloclub.

Una vez repuestos los nutrientes, tomé la decisión de volver a casa, la alternativa era quedarme a ver como mis compañeros disfrutaban el segundo día de ascenso a Portillo, pero mi cuota de resignación estaba casi agotada y abusando de la buena voluntad de Pablo le pedí que me dejara en Los Andes para regresar a Santiago.

Pablo fue uno de los chóferes de apoyo, por lo que le había tocado conducir todo el día, a la velocidad del pelotón  y cuidando de avisar oportunamente a los ciclistas las paradas y los giros, además de servir de cobertura en las zonas especialmente peligrosas, por lo que estaba tan cansado como cualesquiera de nosotros, sin embargo accedió de buen grado a transportarme treinta kilómetros para que yo regresara a casa. Te envío un gran abrazo agradecido Pablo.

Tampoco quiero dejar de mencionar a Gabriel, de Procycling, dueño de la camioneta en que me transportaron, aunque probablemente él nunca lo supo, le estoy agradecido. Muchas gracias Gabriel.

Marotto, Marcos, Rubén, desde la directiva, son el motor de estas iniciativas. Ellos son el recurso humano, escaso, que permite al resto disfrutar de estas salidas con solo la inscripción. Espero que en el futuro, sus sucesores logren llegar a su marca.

Como comentario final, y esta es mi opinión  muy personal, se trata de una ruta desafiante, pero los caminos juegan casi siempre en contra. Lamentablemente son pocas las oportunidades (y los recursos humanos) que se tienen para preparar este tipo de eventos y las ganas de compartir con un grupo humano excepcional permiten soportar estas dificultades.

Los datos duros

(RCmax = 183, Umbral Anaeróbico = 150, edad = 48)

Tramo Tiempo Distancia Velocidad Promedio Ritmo cardíaco promedio Ritmo cardíaco máximo
[hh:mm] [km] [km/hr] [lpm] [lpm]
Viña del Mar – Rotonda 00:44 16,7 23,0 136 173
Rotonda – Colmo 00:19 8,3 26,6 132 155
Colmo – Ruta 5 01:36 37,6 23,5 137 176
Ruta 5 – Peaje Las Vegas 35:29 18,0 30,5 146 176
Las Vegas – Cruce Los Andes 00:09 2,8 20,0 123 146
Cruce Los Andes – Cruce San Felipe 01:02 28,9 28,0 155 173
Recorrido Total 04:25 112,3 25,5 141 176

Comments»

1. Diego I. Castillo Hidalgo - December 1, 2009

Grande roberto wn…
Será pa´ la próxima mi amigo.

Un gran abrazo

Diego “Bucheffiano”

PS. cuando nos juntamos a charlar por quien chucha votamos??


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