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Una historia que parece cuento y un cuento que merece premio November 8, 2009

Posted by roberto in General.
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Rafael Palacios

En la foto mi amigo Rafael Palacios, fumando seriamente una pipa irlandesa. Estuvimos ayer sábado compartiendo con el y a continuación les dejo una historia escrita por él… una historia real que parece cuento… pero un cuento que merece un premio.

La lluvia cae sobre la ciudad mientras camino por la Avenida Valparaíso, principal arteria comercial de Viña del Mar.

Las luces de postes y autos se reflejan sobre la calle mojada, siempre la encontré una bella imagen, el aroma puro de la lluvia, la gente caminando rápido y comprando paraguas en la calle al vendedor de turno, algunos vitrinean, otros corren a la estación del metro, la gente no lleva cara de felicidad sino cara de nada, a pesar de que es Viernes.

Yo voy feliz, siempre me ha gustado la lluvia siempre que no se convierta en diluvio. Trato de proteger unos papeles que llevo y los guardo debajo de mi parka. Acabo de salir de la reunión del pipaclub de Viña, entre pipas y puros bebimos destilados, algunos bourbon, otros whisky y uno que le gusta el ron añejo. Se nos pasan un “poquito” las copas, después de todo es Viernes. Conversamos de actualidad, de política, de trabajo y de hueveo, nunca de religión, sí de ideologías y por supuesto de minas, ya que del pipaclub se ve la galería comercial y vemos pasar a esas hermosas mujeres, rubias, morenas, colorinas, achinadas. ¡Qué ramillete de flores!. Justo cuando comentábamos el culo que había pasado, entra la chica del local de al lado, la de los masajes express… pero qué mujer, qué cuerpo, qué rostro, qué labios carnosos, que aroma…Nos sorprende y se ríe; viene a comprar tabaco para liar cigarrillos y nos ofrece sus masajes descontracturantes y relajantes. Qué películas nos pasamos. Compra, sonríe, se despide con un beso para todos con su boquita de caramelo y se va. Pero qué culo en esos jeans más que apretados. Teníamos la baba de bufanda. Nunca más la vimos. Dan ganas de llorar. Nunca nos atrevimos a ir a verla, por miedo al qué dirán los otros socios del pipaclub pegados a la ventana, que también pensaban lo mismo.

* * *

Volviendo a mi caminata bajo la lluvia, llego a la Galería de Cristal, miro hacia adentro y me invaden recuerdos de la adolescencia, era el lugar de moda cuando  cursaba enseñanza media. Ahí nos juntábamos los compañeros de curso luego del colegio, nos tomábamos una cocacola con un hotdog y mirábamos… … minas; jajaja, ¡qué resumen de la vida!  Arjona tiene toda la razón! Me animo a entrar a la galería y busco el local comercial del viejo marino, el que vende adornos y souvenirs del hombre de mar. Ahí entre escafandras, timones, pinturas de veleros en medio de una tormenta y el viejo capitán fumando pipa; busco un regalo para mi papá. E

El fue  marino mercante y a diferencia de sus colegas nunca adornó su casa con motivos marineros. Decía que no quería convertir su casa en buque. Creo que ahora ya jubilado añora esos días en altamar; así que cuando puedo le llevo esos pequeños trozos de mar y aventura. ¡Cuántos países y ciudades recorrió! Siempre nos enviaba fotos y postales de lugares lejanos. A veces veía al viejo al lado de la torre Eiffel, otras al lado del Big-Ben, en Disney, en Tokyo, Seúl, New York, Singapur, Hamburgo, etc. Una vez me dijo que la mejor ciudad en la que había estado era Buenos Aires, ya que era como estar en Europa, pero con la gran ventaja que hablaban su idioma. Siempre traía regalos para todos de distintos países y para él, su whisky; el que cuando estábamos ya jóvenes con mi hermano, le sacábamos del bar para beber a escondidas. Cuando vaciábamos una botella, la rellenábamos con té esperando que no nos pillaran. ¡Qué ilusos!

Cuando éramos niños y adolescentes éramos inseparables con mi hermano, ahora viejos no nos hablamos hace años, no nos soportamos y nos negamos como hermanos. Mis viejos sufren con eso.

Un día mi papá se decidió a comprar una pipa y tabaco, viendo que la mayoría de sus colegas en el barco fumaban de esa maravillosa forma. Compró en New Orleans una pipa de choclo y tabaco de Lousiana. Ese tabaco desprendía un deliciosos aroma a vainilla. El sólo olerlo en el envase me transportaba a esas lejanas tierras. Me imaginaba siendo Tom Sawyer corriendo al lado del Misisipi. Cuando salían mis viejos agarraba la pipa y la cargaba inexpertamente con algo de tabaco y la encendía. Daba bocanadas como desesperado y era una experiencia entre mística y estúpida. Llegaban los viejos y la apagaba tan rápido como podía, botaba el tabaco y escondía la pipa. Cuando me preguntaban por el olor a humo, respondía huevonamente: ¿Cuál olor? Mi papá quería mucho esa pipa y no se separaba de ella. Ahora está en mi mueble de pipas. Mi papá aun se pregunta que pasó con ella.

Siguiendo con mi historia, busco el local del viejo marino y no lo encuentro, vuelvo a mirar pensando que pasé de largo. Paso una otra vez y comienzo a desesperarme. Nada! No me convenso. Subo al segundo piso por si se trasladó. No obtengo resultado. Camino a la entrada de la galería y le consulto al guardia. Su respuesta es lapidaria; el local cerró!!!  “La crisis” agrega. Se me seca la boca y pregunto: ¿Se habrá trasladado a otra dirección?. NO que yo sepa! El caballero ya no  vendía nada y tuvo que cerrar.

Qué rabia, pero más que nada una profunda tristeza, por el  viejo marino y por donde mierda busco esos pedazos de  historia y aventura para mi padre? Nadie más vende esos motivos. ¿ En donde encuentro los veleros, pinturas, retablos, catalejos y marinos con barba fumando pipa? Con quien converso largo rato de aventuras en altamar,  de los viejos lobos de mar, de los barcos hundidos, de los lugares exóticos, de los huracanes a mar abierto, de los amores en cada puerto y el viejo que me contó que navegó con mi papá.

Esta maldita crisis que no feliz con llevarse nuestra economía, nos arrebata también viejas historias. ¡Qué frustración, pena y verguenza! Hasta me siento culpable por no haberlo visitado en un mes y no escuchar sus cuentos añejos. ¿Es culpa de la crisis o de todos nosotros por no saber valorar aquel mundo que el viejo marino nos ofreció por tantos años? Se fue un personaje al océano del olvido, llevándose con él sus piratas y galeones. ¿En donde estará? Seguro en su asiento de jubilado mirando el mar y fumando su añosa pipa navegada, acachado con una cantidad de huevadas de marinero que ya nadie más quizo.

* * *

No supe como me encontraba ya en el metro y bajando en mi estación. La lluvia seguía, pero ya no me parecía tan bella (pensé en escribir que me parecían lágrimas del cielo, pero no sería tan huevón para escribir semejante huevada).

Llegué a mi casa, saludo a mi mujer y a mis hijos. Mi esposa pregunta si vuelvo a salir, ya que Viernes y le digo que no tengo ánimo. En realidad estaba triste y me sentía en un funeral y me dije a mí mismo que nada me alegraría esa noche ni me sacaría de mi hogar.

A los 5 minutos suena mi celular, son unos amigos, me cuentan que están en un pub en Valparaíso pasándola chancho y que me esperan. Se oye música y risas. Cabisbajo le digo a mi mujer que bajo al estacionamiento a buscar algo al vehículo, algo que se me quedó.

Treinta minutos más tarde suena nuevamente mi celular….. Es mi mujer, me pregunta en donde mierda estoy. Le digo que estoy aun en el estacionamiento. Mi esposa me dice: Mentira! estoy en el estacionamiento y la camioneta no está mentiroso de mierda y que esa música y esas risas de mujeres, hijo de la gran p……….. No te atrevas a volver a la casa……

No me atreví a volver en toda la noche, ya que lo estaba pasando el descueve en la ciudad de la lujuria, en la bohemia de Valparaíso. ¿Cómo mierda iba a pasar la pena? Dos semanas después mi mujer aun no me habla y me tiene cortada el agua. Le habrá pasado algo similar al viejo marino? Me pregunto yo?

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