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Excelencia en el deporte – Joe Friel September 25, 2009

Posted by roberto in General.
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Excelencia

No todos logran la excelencia.

Es lo más difícil de lograr para la gran mayoría de quienes compiten deportivamente. En efecto, aquellos que buscan la excelencia son frecuentemente ridiculizados debido a que son diferentes a sus pares. No es fácil ir en busca de la excelencia. El ser humano es un animal social; no nos gusta ser aislados. Es mucho más fácil avanzar junto a la masa que estar fuera de esa masa. Pero existen atletas que se separan de ella, y con mucha entereza. Tal vez el lector haya notado a algunos jóvenes atletas profesionales que tratan de dar la impresión de que nada en cuanto a su entrenamiento o dedicación al deporte es inusual, extraño o fuera de lo común. Ellos han aprendido la ventaja que significa dar la apariencia de ser alguien “común y corriente”. Aun cuando su rendimiento en las competencias nos dice muy otra cosa. Esta suerte de camuflaje, es la salida que han encontrado para protegerse de ser etiquetados como extraños. Y es una buena estrategia, que recomiendo a cualquiera que realmente busque la excelencia: no parezcas alguien que está en búsqueda de la excelencia. Sé normal, aparenta ser normal… cada vez que puedas.

Aquello que me impulsó a escribir estas reflexiones fue una pregunta que recibí en una cena. Estábamos en una fiesta sorpresa para un atleta que yo entrenaba y que en su categoría resultó ganador en el campeonato estatal de contrarreloj. Desde el punto de vista de mi acompañante en la mesa, este campeón estatal había sufrido un cambio en el último año y había logrado la excelencia en ciclismo. De modo que mi nuevo amigo estaba interesado en saber qué es lo que yo buscaba en una persona que quería contratarme como su entrenador. ¿Cómo podía yo saber si una persona alcanzaría el éxito? Comencé a responderle lo que relato a continuación, pero fuimos interrumpidos por el inicio de la celebración… A continuación reflexiono respecto de aquellas dimensiones personales que considero son los mejores predictores de la excelencia deportiva, en su correspondiente orden de importancia.

  • Motivación: Este predictor es más importante que todos los otros juntos. Si el deportista no está motivado, alcanzar la excelencia es altamente improbable. Más aún; los otros predictores ni siquiera existen sin motivación. La motivación va mucho más allá de expresar con palabras nuestro interés por conseguir los objetivos. El deportista realmente motivado cumple una misión, y él o ella realiza un gran sacrificio manteniéndose en esa senda. Esta persona realmente necesita un entrenador para llevar las riendas y prevenir el sobreentrenamiento, las lesiones, las enfermedades y el abandono. Si el entrenador debe usar un látigo, se trata de una causa perdida, sin importar cuan talentoso sea el deportista. El entrenador nunca logrará que la motivación nazca en el deportista. Esta debe nacer en su interior. Cuando entrevisto deportistas les hago muchas preguntas que me permiten descubrir cuán motivados se encuentran en realidad. Por ejemplo, les pregunto cuán frecuentemente entrenan en grupo versus solos. El deportista con menos motivación frecuentemente necesita compañía. Si se tiene motivación, entonces todos los predictores de excelencia que vienen a continuación tendrán lugar tarde o temprano.

  • Disciplina: Este es muy simple. El deportista disciplinado hace sacrificios a diario y logra vencer las dificultades cotidianas en su búsqueda de la excelencia. Esta persona no se pierde un entrenamiento a menos que sea por fuerza mayor. El clima es un factor insignificante para él o ella. El deportista disciplinado sabe la importancia que tiene cada paso, por pequeño que sea. El o ella no aflojan con las dietas, la recuperación, el equipo o cualquier otro elemento que esté relacionado con el cumplimiento de sus metas. Ser disciplinado no es sencillo. El resto de las personas puede aceptar la motivación, pero se les hace muy difícil el trato con deportistas verdaderamente disciplinados. Aquel que es disciplinado tiene que lucir su disciplina o esconderla, para ser aceptado por sus pares, se necesita buena suerte.

  • Confianza: Algunas personas parecen vivir toda su vida con una certeza indudable en sí mismos y sus acciones. Aunque estos personajes son más bien escasos. En lo personal he conocido muy pocos atletas que no estaban preocupados respecto de qué tan bien preparados se encontraban para enfrentar lo que tenían que enfrentar. La confianza es algo que se construye; si establecemos una escala, la mayoría de nosotros se encuentra en un punto medio. Para movernos hacia el extremo alto todo lo que necesitamos es tener éxito en lo que emprendemos. El éxito alimenta la confianza. Dado que no nace por generación espontánea podemos y debemos construirla. Aquellos deportistas a los que he entrenado y que tenían su nivel de confianza bajo, les sugerí un “amplificador de confianza” de uso diario. Una vez que se habían acostado, y con las luces apagadas, les pedí que recordaran algo de sus días de entrenamiento o actividades deportivas que hubiese sido exitoso en cualquier nivel. Esto podría ser un muy pequeño éxito, como sentirse bien y fuertes en una subida, o comer frutas en lugar de galletas como merienda. Les pedí revivir esos pequeños éxitos una y otra vez hasta dormirse. Ocasionalmente fue muy exitoso. Estos éxitos se convirtieron en anclas que ellos reviven con frecuencia y guardan en un baúl que abren cada vez que disminuye su nivel de confianza, como al inicio de una competencia. Pensar en los éxitos propios alimenta el éxito. El éxito alimenta la confianza.

  • Concentración: Este predictor podría llamarse también voluntad (propósito en el original); el deportista sabe dónde desea llegar en la práctica de su deporte. El entrenamiento diario es una actividad voluntaria que conduce a la excelencia. Cada entrenamiento (seguido de su recuperación) construye un pequeño bloque que eventualmente resulta en excelencia. Pero deben apilarse de a uno cada vez, lo que nos conduce al último predictor, paciencia.

  • Paciencia. De acuerdo a Malcolm Gladwell en su libro The Outliers (algo así como Los Fuera de Serie); a una persona le toma algo así como diez mil horas llegar a ser un maestro en una disciplina. En lo personal nunca he tratado de cuantificarlo en términos de horas, pero la experiencia me ha enseñado que desempeñarse en los más altos estándares de rendimiento deportivo requiere alrededor de diez años de entrenamiento serio, independientemente de a qué edad se inició. De modo que creo que Gladwell está en lo correcto. Existen algunas excepciones, o al menos así parece si uno lo mira superficialmente. Pero cuando un deportista llega a la cumbre, en un examen más profundo, frecuentemente encontramos que ha seguido métodos conocidos en su camino al éxito. La paciencia tiene también otro nivel que va más allá de este enfoque de largo plazo hacia el éxito. Este es un componente diario asociado a la capacidad de adoptar el ritmo apropiado al inicio de los entrenamientos o competencias. Los deportistas que parecen incapaces de aprender esta habilidad tienen menor probabilidad de éxito que aquellos que la dominan.

Debo hacer notar que nada he dicho respecto al talento innato, a la fisiología, destrezas, o aún la experiencia en el deporte. Todas estas características se pueden desarrollar o aprender si los otros predictores están presentes. Nunca he conocido a nadie que no tenga la capacidad para desarrollar cada una de estas habilidades, que son mentales. Como se mencionó anteriormente, el desafío para la mayoría de nosotros, en busca de la excelencia, es cómo hacerlo sin parecer que lo estamos haciendo. Es cosa de ver cómo la mayoría de los profesionales lo hacen e intentar emular su aparente naturalidad, esa actitud de laissez faire. Buenos ejemplos son Chrissie Wellington en triatlón y David Zabriskie en ciclismo de ruta. Cada uno a su manera dan la impresión de no estar preocupados por la excelencia. Pero ninguno de los dos logra sus niveles sin estar altamente motivados, disciplinados, concentrados y pacientes.

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