jump to navigation

Isabel Allende y el Sexo May 7, 2009

Posted by roberto in Libros.
trackback

Iallende

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile.
Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo.
Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.
Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé  – me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito.

¡Un hijo! Era lo último que deseaba.

Me vi cogida de un brazo y llevada por el aire hasta la oficina de  la Madre Superiora.
Así comenzó  mi horror por las muñecas y mi curiosidad por ese asunto misterioso cuyo solo nombre era impronunciable: sexo.

Las niñas de mi generación carecíamos de instinto sexual, eso lo inventaron Master y Johnson mucho después.  Sólo los varones padecían de ese mal que podía conducirlos al infierno y que hacía  de ellos unos faunos en potencia durante todas sus vidas.

Cuando una hacía alguna pregunta escabrosa, había dos tipos de respuesta, según la madre que nos tocara en suerte.

La explicación tradicional era la cigüeña que venía de París y la moderna era sobre flores y abejas. Mi madre era moderna, pero la relación entre el polen y la muñeca en mi barriga me resultaba poco clara.

En medio de la oscuridad y el olor a incienso escuché una voz con acento de Galicia.

-¿Te has tocado el cuerpo con las manos?

-Sí, padre.

-¿A menudo, hija?

-Todos los días…  ¡Todos los días! ¡Esa es una ofensa gravísima a los ojos de Dios, la pureza es la mayor virtud de una niña, debes prometer que no lo harás más!

Prometí, claro, aunque no imaginaba cómo podría lavarme la cara o cepillarme los dientes sin tocarme el cuerpo con las manos. (Este traumático episodio me sirvió para ‘Eva Luna’, treinta y tantos años más tarde. Una nunca sabe para qué se está entrenando.)

El otro era un personaje adorable, peinado como Carlos Gardel y amante apasionado de la lectura. (Ambos sirvieron de modelos-algo exagerados, lo admito- para Jaime y Nicolás en ‘La casa de los espíritus’.)

La casa estaba llena de libros, se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable, se reproducían ante nuestros ojos.

La máxima intimidad consistía en masticar por turnos el mismo chicle.

Una vez pude luchar cuerpo a cuerpo con el famoso Keenan, un pelirrojo a quien todas las niñas amábamos en secreto.
Me sacó sangre de narices, pero esa mole pecosa y jadeante aplastándome contra las piedras del patio, es uno de los recuerdos más excitantes de mi vida.
En otra ocasión me invitó a bailar en una fiesta. A La Paz no había llegado el impacto del rock que empezaba a sacudir al mundo, todavía nos arrullaban Nat King Cole y Bing Crosby (¡Oh, Dios! ¿Era eso la prehistoria? ).
Se bailaba abrazados, a veces chic-to-chic, pero yo era tan diminuta que mi mejilla apenas alcanzaba la hebilla del cinturón de cualquier joven normal.
Keenan me apretó un poco y sentí algo duro a la altura del bolsillo de su pantalón y de mis costillas. Le di unos golpecitos con las puntas de los dedos y le pedí que se quitara las llaves, porque me hacían daño.
La píldora anticonceptiva ya se había inventado, pero en Chile todavía se hablaba de ella en susurros.
Se suponía que el sexo era para los hombres y el romance para las mujeres, ellos debían seducirnos para que les diéramos la prueba de amor  y nosotras debíamos resistir para llegar ‘puras’ al matrimonio, aunque dudo que muchas lo lograran.
No sé exactamente cómo tuve dos hijos.  Y entonces sucedió lo que todos esperábamos desde hacía varios años. La ola de liberación de los sesenta recorrió América del Sur y llegó hasta ese rincón al final del continente donde yo vivía.
Arte pop, mini-falda, droga, sexo, bikini y los Beatles. Todas imitábamos a Brigitte Bardot, despeinada, con los labios hinchados y una blusita miserable a punto de reventar bajo la presión de su feminidad.
Lo encontró, se casaron y luego vino la muerte y se la llevó, pero  esa es otra historia.
Yo compré ositos de peluche para los futuros nietos, me comí­ la mousse de salmón y ahora cuido mis flores y mis abejas.

Isabel Allende

Comments»

1. dodo - March 24, 2011

hola podrias me gustaria leer algo hacerca del como conciliar el sexo con la competencia ciclista o cualquier competencia de resistencia aerobica y muscular?, que es lo que se dice aserca del tema? gracias muy buena pagina

2. roberto - April 5, 2011

Hola,

Gracias por tu comentario.
La actividad sexual normal no tiene ninguna contraindicación para las competencias deportivas en general, es decir no hay nada que conciliar.
La “trampa” en esta respuesta es lo que se entienda por “actividad sexual normal”.
Saludos,

rca


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: