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Hemingway y el Tour de France – Guy WR de Le Grimpeur May 1, 2012

Posted by roberto in Uncategorized.
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Sep Vanmarcke la Gloria después de la desgracia (OPQS pic)

Guy WR, canadiense, periodista, ciclista y autor del blog Le Grimpeur (del cual he traducido algunos artículos en este blog), debe interrumpir sus entregas habituales y dejar de escribir durante un tiempo.

Guy tiene un estilo muy particular, enriquecedor, místico, poético, y lo utiliza en forma magistral para escribir de la pasión que nos aúna: el ciclismo.

Les dejo con el último artículo del blog de Guy, y con sus palabras. Espero que lo disfruten.

El original, en inglés, lo pueden leer aquí.

En 1959, Ernest Hemingway, encomendado por la revista Life, regresó a España para cubrir la temporada veraniega de corridas de toros. El relato completo de los ocurrido durante su viaje fue publicado posteriormente en el libro Un Verano Peligroso.

Para Hemingway, la década de 1950 fue un período nostálgico. Después del éxito obtenido con su libro El Viejo y el Mar, Hemingway estaba algo alejado de su creatividad y retomaría temas antiguos y habituales. Estuvo un tiempo en París y también en un safari en Africa, de lo que resultaron los libros París era una Fiesta y Al Romper el Alba, ambos publicados después de su muerte en 1961.

Este período comienza en España en 1953, la primera visita de Hemingway al país después de la Guerra Civil Española (quizás un punto crítico en su personalidad, pero muy bueno para su producción literaria, ya que da origen al libro Por quién Doblan las Campanas). Enseña a su esposa Mary todo lo relacionado con las corridas de toros y conocen al joven y talentoso matador, Antonio Ordoñez, hijo del Niño de la Palma, que fue la inspiración de Pedro Romero en su libro Fiesta. Luego viajó al safari en Africa. El viaje terminó en desastre, con el choque de dos aviones y un incendio que dejó a Hemingway seriamente herido con daños internos y externos. La rehabilitación sería larga y lenta, y su capacidad física y literaria resultaron perjudicadas.

En el viaje de 1959, Hemingway reporteó la rivalidad existente entre Ordoñez y el reintegrado Luis Miguel Dominguín, un matador famoso en España que buscaba recuperar glorias pasadas y, para hacer las cosas más interesantes, cuñado de Ordoñez. Durante mucho tiempo Hemingway había estado alejado de España y las corridas de toros antes de este período, y de alguna forma estaba reticente a volver. Le disgustaba la práctica de cortar los cuernos de los toros y algunas otras, que ya no eran las mismas de “los viejos tiempos”, de las décadas de 1920 y 1930 cuando se enamoró de las corridas de toros (ahora se cubría a los caballos, en lugar de dejar a la vista las heridas recibidas por las corneadas). Como el mismo Heminngway observó: “Por muchas razones, especialmente por el hecho de haber crecido alejado de los espectáculos masivos, he perdido mucho de mi afición por las corridas de toros. Pero una nueva generación de toreros ha nacido y estaba ansioso por verlos”.

Pero pronto, el espíritu de esa aventura anidó en Hemingway y se convirtió en un verdadero confidente del joven Ordoñez, un papel que no le agradaba. Ordoñez estaba en el centro de la acción y el escritor disfrutaba cuando le hacía revivir viejos recuerdos y era celebrado como la estrella que triunfa. Hemingway regresó en 1960 para seguir nuevamente a Ordoñez durante esa temporada. Aunque, al final, quería evitar la publicación del libro y le preocupaba que el material adicional, no publicado en las entregas de la revista Life, fuera flojo y mostrara su propia fatiga.

El Tour

Quizá en aquel entonces, Hemingway debería haber escrito acerca de la versión del Tour de France de 1959. En el París de 1920, como un joven aventurero en el viejo continente, Hemingway era un ardiente fanático del ciclismo, no solo de las carreras de pista sino también de las de ruta. John Dos Passos, en sus memorias Los Mejores Tiempos, escribe: “Hem estaba loco por las carreras de bicicletas”, y describe como Hemingway usaría una tricota a rayas y hace su propia personificación del Tour de France en los boulevards parisinos.

Las carreras de pista de seis días, especialmente en el Vélodrome d’Hiver, eran sus favoritas, convertidas por Hemingway en “una verdadera manía en la que estaba siempre involucrado”, Dos Passos se le uniría en la galería. “Hem conocía todas las estadísticas, los nombres y las vidas de los corredores.”

Hemigway advirtió a Dos Passos que no escribiese nada sobre competencias de ciclismo, aparentemente porque quería hacerlo él mismo. En efecto, en París era una Fiesta, Hemigway escribe: “He empezado muchas veces a escribir un cuento sobre carreras de bicicletas, pero nunca me ha salido ninguno que fuera tan bueno como son las carreras, las de velódromo cubierto o al aire libre tanto como las de carretera.” Dado que la jerga ciclista era en francés, dificultando escribir al respecto, más aún, pensando que cuando escribía estas palabras finalizaba la década de 1950, ya bien avanzada su carrera literaria, Hemingway aún nos dice que: “Tengo que escribir sobre el extraño mundo de las carreras de seis días y las maravillas de las carreras por carretera en la alta montaña.”

El Tour de France de 1959 habría sido la ocasión perfecta. Existía rivalidad entre Jacques Anquetil y Roger Rivière, el segundo había superado el récord de la hora en pista que Anquetil había logrado en 1957 (ambos habían competido en la última edición de los seis días del Vélodrome d’Hiver el 7 de Noviembre de 1958, antes de que fuese demolido). Hemingway escribió en Un Verano Peligroso: “Las corridas de toros carecen de atractivo cuando no hay rivalidad. Pero con dos grandes toreros se convierte en una rivalidad mortal. Porque cuando uno de ellos hace algo que nadie más puede hacer, y lo hace regularmente, sin trucos, en una representación mortalmente peligrosa, que es posible solo a través de un control absoluto sobre sus nervios, juicio, valentía y arte e incrementa el peligro a cada paso, entonces el otro, al intentar ganarle, si falla por un instante sobre el control de sus nervios o decisiones, resulta gravemente herido o muerto.” Anquetil y Rivière se neutralizaron el uno al otro en el Tour de 1959. Anquetil no asistió en 1960, descansando luego de haber ganado el Giro d’Italia (el primer francés en ganar esa prueba). Era la oportunidad de Rivière para obtener la victoria, pero el corredor italiano Gastone Nencini había aprendido a descender como ningún otro podía hacerlo. Tratando de seguirlo, y aliviado por el calmante Palfium, Rivière sufrió esa falla sobre el control de sus nervios o equivocó su decisión y cayó en una quebrada rompiéndose la espalda. Su Tour y su carrera profesional habían terminado para siempre.

Los Tour de 1959 y 1960 habrían sido para Hemingway temas perfectos cobre rivalidad y tragedia. El de 1959 tuvo incluso un ganador español, Federico Bahamontes, sobre quien Pierry Chany en L’Equipe escribió: “En sus días buenos evoca al toreador talentoso. En sus días malos un jornalero cruzando el puente sobre el río Tajo después de un día de trabajo bajo el sol de Castilla.” Pero a pesar de sus declaraciones en París era una Fiesta, Hemingway se alejó del ciclismo. Podía recordar sus años en París con nostalgia y las intenciones veintañeras de escribir sobre los deportes exóticos de su región adoptiva, pero pronto descubrió otras distracciones que realmente llegarían a ser sus pasiones: en primer lugar las corridas de toros, luego la caza y la pesca. El ciclismo fue olvidándolo a medida que la exuberancia juvenil desaparecía.

Un Verano Peligroso tiene un estilo atractivo, pero el argumento principal no era cautivante, y puede que Hemingway lo viera así. Iniciándose la década de 1960, quién podría querer leer un relato sobre un trillado “deporte” del viejo mundo que era visto crecientemente como superficial y demasiado sangriento. Y podemos tener razones para creer que Hemingway no estaba tan encariñado con la competencia ciclista como decía estarlo. En Fiesta, los corredores ciclistas, todos franceses y belgas, están en San Sebastián para participar del Tour de Pays Basque. El protagonista, Jake Barnes, es escéptico respecto de sus motivos: “No se tomaban la carrera en serio, excepto entre ellos. Habían competido entre sí tantas veces que no les importaba mucho quién ganara, y menos en un país extranjero. Lo del dinero podía arreglarse.” ¿Era Hemingway despectivo con respecto a la corrupción o la estaba destacando?, ¿Pensaba que era tan solo un arreglo? No obstante, cualesquiera hayan sido sus verdaderos puntos de vista, las rivalidades y tragedias y las “maravillas” de las carreras ciclistas no fueron suficientes para tentar a Hemingway a terminar alguna de esas historias.

El Futuro

Uno de los temas en los escritos de Hemingway es que el héroe (o anti-héroe, la versión saborizada del héroe típico) es un individuo inmerso en eventos más allá de su control; grandes poderes están en juego, que limitan lo que el héroe puede hacer. Podemos ver una analogía al ciclismo. En Argyle Armada, su autor Mark Johnson explora algunas de las cuestiones actuales que los deportistas deben encarar en el ciclismo. El desafío principal es proteger y aumentar sus intereses (incluyendo la seguridad personal y financiera) contra los feudos establecidos por la UCI y la ASO. En la mayoría de los casos, dado que no tienen una voz única, son fácilmente divididos y regidos por los poderes establecidos. En particular, sobre el tema de las longitudes de las carreras, la UCI ha sido particularmente dictatorial, acusando a los competidores de una tradición de doping, ignorando el resto de los factores que lo fomentan, e incluso advirtiendo a los auspiciadores sobre las implicancias comerciales de un posible boicot al Tour de Beijing.

Mientras que las condiciones han mejorado en forma notoria desde la “época dorada” de las décadas de 1950 y 1960 (aunque no tan doradas si se examinan con perspectiva), los corredores, que son los héroes en este campo, aún son explotados por quienes gobiernan el deporte. En muchos casos ellos tienen solo la tenacidad y el coraje para sobrevivir. En La Vuelta 2011, Johnson describe el dramático accidente que sufrió Sep Vanmarcke, en el cual se arrastró 40 metros camino abajo; le tomó 10 minutos recuperarse y subir nuevamente a la bicicleta para continuar. Johnson dice “Me dolía mucho, y mentalmente estaba totalmente quebrado”, se las arregla para conseguir volver a la cola del pelotón, con solo 23 años apostilla: “En ese momento te das cuenta de aquello a lo que sobreviviste. Comencé a llorar y no paré hasta dos horas después, no podía parar.” En la etapa 15, en la subida l’Angliru, Johan Vansummeren choca contra un elemento de seguridad vial. Totalmente ensangrentado, ignorando los ruegos del médico de La Vuelta para que subiera a la ambulancia, y con solo un paquete de hielo dentro de su malla para prevenir algún daño mayor en los testículos, continúa pedaleando y finaliza la etapa; luego de eso, su herida en el hombro debió suturarse con puntos (no se describe la situación de sus testículos). Johnson escribe: “Parecía más bien un soldado salido de la terrible Guerra Civil Española y no un atleta de elite”. Seguramente Hemingway habría aprobado su valentía y decisión; hombres duros en un deporte duro, siempre a merced de fuerzas más grandes que explotan su entereza para sus propios fines, y que los retienen alimentando sus ansias de gloria y reconocimiento.

¿Qué sentido tiene todo esto?. Cito a Dave Zabriskie: “Existen tantos otros problemas en el mundo, y tanto más grandes, que estos problemas pasan a ser casi cómicos”. Aquellos que se encuentran a merced de otros, en relaciones de poder asimétricas, siguen adelante, lo mejor que pueden, buscando oportunidades para demostrar su tenacidad. Los corredores pueden consolarse con el hecho de que los fanáticos están de su parte, aún cuando estos fanáticos no tienen la oportunidad de cambiar la competencia para mejor.

Esta es la última publicación en este blog por un tiempo aún indeterminado. Será un paréntesis mientras el autor dedica este tiempo a otros proyectos más apremiantes, y que incluirá algunos ruteos de verano adicionales. Seguirán algunas actualizaciones de vez en cuando, y solo para arreglar algunos aspectos técnicos del sitio, y algunas páginas adicionales para destacar algún artículo en particular. Las entregas regulares, que ustedes, queridos lectores, han seguido fielmente, ya no continuarán. Espero que sus ruteos veraniegos estén libres de peligro.

Recuerden que, a pesar de los mensajes de algunos filósofos y anunciantes, el ciclismo no es solo sufrimiento y gloria. También es pasión, que es por lo que hacemos lo que hacemos. Es por qué pedaleamos.

Ernest Hemingway, en la España de 1959 (JFK Library pic)

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